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¿Por qué? ¿Para qué?

restaurante

 

 

Solemos insistir en estas fechas en la importancia de las fiestas del Pilar para la promoción de nuestra gastronomía, tan poco conocida allende el Ebro. Son encomiables los esfuerzos de Horeca, desde su PilarGastroWeek por impulsar rutas a través de menús y tapas, mas son pocos los restaurantes que se animan a participar.

Lo cierto es que la mayoría de los menús que se ofertan para estas fiestas, de forma legítima, están más orientados al mercado local que al foráneo, por mucho que este último crezca como la espuma, especialmente si hay posibilidad de puente, como es el caso de este año. No obstante, la presencia del ternasco de Aragón, sea de forma tradicional o de esos abundantes ‘lingotes’ ­‒como si creciera el número de desdentados‒, crece año tras año.

Del mismo modo que sucede en otras localidades con sus fiestas patronales ‒Huesca, los sanlorenzos y el pollo al chilindrón‒, Zaragoza debería presumir de un plato emblema, imprescindible e identitario, que bien podría ser el ternasco, cada día más plato de fiesta que de diario, lamentablemente.

Son muchos los miles de personas que nos visitan estos días. Que salen a tapear y comer a los bares y restaurantes. Pero serán muchos menos los que puedan disfrutar de borrajas, achicorias, alguna de nuestras legumbres singulares, truchas, bacalaos, longanizas o madejas por una simple carencia de oferta.

Vale que una ciudad como la nuestra debe tener una amplia muestra de gastronomías del mundo ‒sean esas sopas ramen que Confuncio confunda o los cada vez más aburridos ceviches‒, pero la realidad muestra que por cada establecimiento de cocina más o menos tradicional abren varios más o menos étnicos.

Y la comida, además de ser un atractivo para viajar, es un escaparte de nuestra despensa alimentaria, que el visitante podrá degustar posterior y cómodamente en su propia casa.

Si recibe a familiares y amigos, llévelos a donde puedan disfrutar de esa gastronomía aragonesa, y no se olvide de acercarse a la plaza de los sitios para aprovisionarse de víveres aragoneses artesanos.

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