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LA BALANZA. La Longaniza de Graus

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Tesoro gastronómico con sabor a tradición y récord mundial

 

En el corazón del Pirineo aragonés, en la pintoresca localidad de Graus, se esconde una joya culinaria que ha trascendido fronteras y se ha consolidado como un emblema de la gastronomía española, la Longaniza de Graus. No es solo un embutido, es una expresión de historia, calidad y el profundo arraigo a una tradición que se mantiene viva generación tras generación.

Desde tiempos inmemoriales, Graus se ha caracterizado por la elaboración artesanal de embutidos con una calidad y un sabor muy reconocidos en el sector. La Longaniza de Graus es, sin duda, el máximo exponente de estos productos elaborados en la zona. Su excelencia radica en el uso de ingredientes naturales seleccionados y en un proceso de producción que garantiza propiedades organolépticas distintivas como su color, sabor y aroma.

La calidad de este producto está asegurada por estrictos controles sanitarios y un exhaustivo control de calidad que garantizan la trazabilidad del producto y el cumplimiento de los más altos estándares. Además, la Longaniza de Graus cuenta con la normativa de Calidad Alimentaria, un sello concebido por el Gobierno de Aragón que controla la indiscutible calidad del proceso y de los ingredientes utilizados.

UNA CELEBRACIÓN CON RÉCORD GUINNESSS

La importancia de la Longaniza de Graus es tal que cuenta con su propia festividad, la emblemática Fiesta de la Longaniza, que se celebra ininterrumpidamente desde 1991 a finales de julio. Este evento no es solo una degustación masiva, sino que fue declarada Fiesta de Interés Turístico de Aragón en 2013. La fiesta se distingue por contar con dos récords Guinness, siendo reconocida como la responsable del embutido más grande del mundo desde 1996.

La magnitud de esta celebración es impresionante: en 2010, congregó a más de 8000 personas de diversas nacionalidades, incluyendo España, Holanda, Bélgica y Francia. Durante la fiesta, se llegaron a cocinar más de 1100 kilogramos de longaniza de primera calidad sobre una parrilla gigante de 25 metros cuadrados. Un elemento clave de esta festividad es la figura del tastador, quien se encarga de seleccionar la carne, garantizar su punto correcto y asegurar que el sabor y los jugos se extiendan por toda la boca, perpetuando la calidad que ha caracterizado al embutido.

ESTANDARTE DE CALIDAD REFORZADO POR SU NUEVA IDENTIDAD Y LA FUERZA COLECTIVA

La Longaniza de Graus, un tesoro culinario del Pirineo aragonés, no solo se distingue por su sabor inconfundible y su arraigada tradición, sino también por el firme compromiso de sus fabricantes, materializado en una asociación unida y una nueva identidad visual que respalda su calidad.
Detrás de la Longaniza de Graus se encuentra la Asociación de Fabricantes de Longaniza de Graus, que es el corazón de la iniciativa, representando a los productores más importantes del Alto Aragón. Ha implementado una marca colectiva que cuenta con un reglamento específico de uso. Este reglamento regula todo el proceso de elaboración, desde los ingredientes hasta los métodos de producción. La marca colectiva es la garantía de que la Longaniza de Graus mantiene sus propiedades organolépticas distintivas. Además, asegura que el consumidor obtenga un producto que cumple con los más altos estándares de calidad, siendo un producto único que certifica su excelencia y procedencia. Este sello se complementa con la normativa de Calidad Alimentaria del Gobierno de Aragón.

La Longaniza de Graus se erige como un testimonio viviente del arte culinario y nos invita a recordar la agudeza del ilustre pensador aragonés Baltasar Gracián, quien en su sabiduría, nos enseñó la importancia del discernimiento para apreciar el verdadero valor. Así como el tastador ejerce su aguda percepción para garantizar la perfección de cada longaniza, esta joya gastronómica de Graus demuestra que la calidad auténtica, forjada por la tradición y el compromiso colectivo, no es una quimera, sino una deliciosa realidad que perdura y nos enriquece con cada bocado. Es, en esencia, un bocado de prudencia y buen gusto, un legado que se saborea con el cuerpo y el espíritu. ¡Un orgullo de Aragón!

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