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UN VIEJO DEL LUGAR. De Qualicoop a Producto cooperativo

Estand de Pastores Grupo Cooperativo en la edición de 2007 de Qualicoop. Foto: Archivo Gastro Aragón,

 

En Europa, y en España, el sector agroalimentario es moderno y dinámico. Lidera el mundo en varios aspectos y una manifestación de esta manera de situarse en la vanguardia son las ferias agrarias, alimentarias y gastronómicas, en las que se invierten grandes cantidades de dinero, tanto en su organización como para participar en ellas.

Ahora, estos certámenes –no solo los alimentarios– atraviesan una cierta crisis y buscan formas alternativas y complementarias de posicionamiento para no perder poder de convocatoria o minimizar la pérdida de este.

Pero hubo un momento en que las ferias florecían por todos los rincones de la geografía, bien es cierto que con una fértil aportación de los presupuestos públicos, y la competencia era feroz, casi a cara de perro.

En ese contexto nació en Zaragoza, donde existe una institución ferial de larga trayectoria y notables aciertos, una cita alimentaria, Qualimen, que tenía la intención de convertirse en la referencia del sector para el sur de Europa. Hubo unas pocas ediciones, pero el proyecto no cuajó.

Su principal elemento diferenciador, que es el que motiva estas líneas, era un salón que dentro del certamen respondía al nombre de Qualicoop. Aunque las cooperativas agroalimentarias participaban habitualmente en distintos eventos feriales, lo cierto es que no había uno específico para el producto cooperativo y esto suponía una oportunidad.

El intento fue encomiable y se basaba en una idea sencilla: desaparecidas las formas tradicionales de producción de alimentos, es decir, industrializada esta producción, la cooperativa era el último enlace entre esa tradición y la modernidad. El producto cooperativo, en suma, era lo más parecido que había a los alimentos que la sociedad echaba de menos, porque las cooperativas, al fin y al cabo, eran –son– industrias, pero industrias formadas por agricultores y ganaderos. Estableciendo un silogismo fácil de entender, cabe pensar que su modo de producción es, en consecuencia, lo más parecido posible al que durante décadas habían empleado estos.

El proyecto no enamoró en aquel momento a los cooperativistas y Qualicoop sucumbió, con Qualimen, por la desafección de su público objetivo y la consecuente bajada de brazos de la Administración.
Mas no todo se perdió, el legado de aquel primer intento fue inevitablemente exiguo, pero quizá algo de memoria pudo quedar. O quizá no y el actual proyecto de Cooperativas Agro-alimentarias de España bebe de otras fuentes o de ninguna conocida. Pero lo cierto es que alguien en esta organización ha llegado a la misma conclusión que los impulsores de Qualicoop: el producto cooperativo bien merece ser objeto de una diferenciación mercadotécnica.

De ahí la creación de una marca nacional con esta denominación: Producto Cooperativo. Está recién llegada y todavía tiene que demostrar que, como afirma, «enaltece y pone en valor el sabor auténtico y natural de los productos cooperativos», pero las cooperativas no deberían dejar pasar esta nueva oportunidad.

Y tampoco malograrla.

Manzanas identificadas con la marca producto Cooperativo. Foto: Archivo Gastro Aragón.

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