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LA CASA DE LÚPULO. Rugbier

cabecera Casa Lupulo

 

Comenzaré por confesarles una de mis aficiones más arraigadas: amo el rugby. A esta actividad que en una frase apócrifa se definió como «un deporte de bestias jugado por caballeros», añadiría que actualmente, también por damas. Lo que es cierto es que tiene una excelente complicidad con nuestra bebida de cabecera.

Sostienen los franceses que en un equipo de rugby se necesitan dos tipos de jugadores, unos que sean capaces de cargar un piano y otros capaces de tocarlo.

Chris Laidlaw, medio de melé entre 1964 y 1970 de los All Blacks, apodo por el que se conoce a los jugadores de la Selección Nacional de Nueva Zelanda, es autor de una frase que resume el porqué de este artículo y es la siguiente: «Cerveza y rugby son más o menos sinónimos».

Aunque la RAE, para el practicante y el seguidor de este deporte, recomienda el término rugbista, se utiliza más a menudo el inglés rugbier. Nótese la maravillosa fusión en esta última palabra de dos términos: el inglés rugby y el alemán bier. Combinación que vale un ensayo y su correspondiente transformación.

Entre otras cosas que iremos viendo, una tradición característica de este deporte es el llamado tercer tiempo en el que, finalizado el partido, en un alarde de sociabilidad se reúnen compañeros de equipo, oponentes, árbitros, técnicos, incluso algunos aficionados para disfrutar en compañía de unas cuantas, en general bastantes, pintas de cerveza.

Vayamos con otras coincidencias y me referiré primero al Torneo de selecciones nacionales más importante del hemisferio norte, el archiconocido Seis naciones, cuyas fechas habituales son los meses de febrero y marzo de cada año. El torneo lo patrocina de forma principal la cervecera irlandesa Guinness desde el año 2019. Añadiré a lo anterior que en otra competición de selecciones equivalente a la anteriormente mencionada, esta en el hemisferio sur, el Rugby Championship, los actuales campeones, la selección de Sudáfrica tiene el patrocinio de la cerveza Castle Lager, la denominada cerveza nacional. Como verán la cerveza es omnipresente en el rugby.

Otra anécdota que podría ser relevante para demostrar la íntima conexión entre estas dos maravillosas creaciones del ingenio humano nos remite al último mundial disputado: Francia 2023. Una de las características de los mundiales de rugby es la de que la venta de bebidas alcohólicas está permitida en los estadios durante la disputa de los partidos. En dato aportado por el periódico quincenal francés especializado en este deporte, Midi Olympique relata que durante el encuentro celebrado el día 7 de octubre, entre las selecciones nacionales de la República de Irlanda y Escocia en el Stade de France de Saint Denis, se consumieron por el distinguido público asistente 137 000 pintas de cerveza, alrededor de 77 850 litros en un aforo de 80 698 personas. La cerveza, socio principal de este magno evento fue la lager japonesa Asahi Super Dry. Aunque a estas alturas de la competición ambas selecciones ya no optaban por el título, les comentaré a título informativo que el resultado final fue de 36-14 para el Quince del trébol.

Recuerdo que recientemente leí en la revista Jot Down un artículo del que no creo seguir la literalidad, pero sí el espíritu. Decía en uno de sus párrafos que, en un ambiente de celebración, le preguntaron a un medio de melé, por qué los jugadores de rugby bebían tanto. La respuesta no se hizo esperar y fue tan precisa como esclarecedora: «Para que deje de doler».

Quizás este artículo esté cogido por los pelos, he hablado más de rugby que de cerveza y entendería sus reproches, pero les aseguro y les invitaría a hacerlo, que sigan una retransmisión de un partido de rugby en su butaca preferida, con una cerveza a su elección en sus manos. Placer terrenal y al alcance de la mayoría, teniendo además la certeza de que no acabaremos magullados y doloridos.

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