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Restaurante Gamberro: amor en la cocina, amor en la sala, amor en casa y conciliación

Franchesko Vera y Flor García son pareja, socios y el alma de Gamberro (Zaragoza, 1 Sol Repsol y destacado en Guía Michelin), un exitoso concepto con más de diez años de vida

 

Empezaron compartiendo cocina, pero ahora él se encarga de la parte culinaria y ella, de la sala y la gestión de un negocio en un momento dulcísimo

 

 

 

Quién les iba a decir en 2014, cuando unos jovencísimos Franchesko Vera (Zaragoza, 1991) y Flor García (Zaragoza, 1992) se conocieron en la apertura de una apertura que, solo un año después, además de enamorados, serían los propietarios de Restaurante Gamberro (entonces, sí, más informal que el actual enclave recomendado por la Michelin, pero extremadamente prometedor). Doce años después, con su espacio con lleno prácticamente diario y convertidos en un referente indispensable de la alta cocina creativa de la capital, ambos siguen juntos, felices y con un hijo en común. Son tándem fuera y dentro del restaurante.

En un primer momento, cuando arrancaron, ambos compartían cocina y era Patri, una buena amiga común, quien lidiaba con la sala y el público. Pero cuando, en 2016, tuvieron que mudarse ante el éxito de su ‘Gamberrito’ y Patri salió del proyecto, fue cuando decidieron que ella, mucho más extrovertida, se encargaría del contacto con los clientes. Franchesko, que se define como alguien mucho más absorto y tímido, se quedó entre potes y cazuelas. Ambos continuaron creciendo, como pareja y como profesionales. Fran, innovando cada vez más en cocina; Flor, aprendiendo sobre vinos y gestión. Eran un motor muy bien engrasado.

En 2019 entraron en la Michelin como restaurante seleccionado, emprendieron la tercera versión de su Gamberro, tuvieron un hijo, tuvieron que afrontar el cerrojazo de la COVID poco más de un mes después de estrenar local. Volvieron más fuertes, consiguieron un Sol Repsol e implementaron un horario poco visto en el sector, bueno para ellos, y para su equipo: solo siete servicios de jueves a domingo, para conciliar. Y todo ello, siguiendo la microtemporada y creando multitud de nuevos platos para un menú de 17 pases (80 euros), que tiene mérito.

Confianza, equilibrio y tiempo en común, las claves

¿Cómo aguanta una pareja que pasa junta, prácticamente, las 24 horas del día, con la presión añadida que trae consigo la alta cocina? Ellos lo tienen claro: la confianza. De la misma manera que él no cuestiona las decisiones de su mujer en sala, ella respeta al 100 % sus propuestas gastronómicas. No son profesionales de los que se quedan en su ‘cueva’, y, siempre que pueden, con su pequeño, algún amigo o en pareja, salen a explorar los mejores restaurantes de España. Y por supuesto, tras tanto tiempo juntos, han conseguido equilibrarse y complementarse. ¿Hay roces? Como en cualquier pareja, pero siempre llevaderos. Al final, como decía Bernard Shaw, no hay amor más sincero que el amor a la comida. Y si uno encuentra, además, a su media costilla y le gusta comer, el éxito está asegurado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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