
Suele decirse que con cada cambio de gobierno se da un paso atrás. Que el equipo entrante inventa la rueda cambiando la cara a lo que ya estaba en funcionamiento o superponiendo iniciativas a realidades ya consolidadas. Una falsa intención innovadora que muchas veces supone un freno a dinámicas establecidas con anterioridad y de eficiencia contrastada.
Aunque no es del todo cierto, porque también ocurre lo contrario, es decir, que se refuerzan y mejoran esas dinámicas y se dan pasos verdaderamente novedosos, algo de verdad hay en ello. La urgencia por que se note el cambio traiciona el verdadero cambio. Se cree en los despachos oficiales que esa mano de pintura inicial funciona, pero la ciudadanía se las sabe todas y valora muy poco esos gestos desde la balconada. En el mejor de los casos, recela de ellos.
Viene esto a cuento de algunos comentarios y preguntas que se me han hecho en las últimas semanas con respecto a los pasos dados en San Pedro Nolasco con respecto a la promoción de los alimentos de Aragón y para las que lamento no tener muchas respuestas, pues no me es posible seguir de cerca los acontecimientos.
Hay productores enfadados por la modificación del lema e imagen de la campaña genérica, el tercero en poco tiempo. De Comparte el secreto a Aragón Alimentos Nobles y, finalmente, al actual Aragón, sabor de verdad. Consideran un gasto innecesario tanto vaivén, sobre todo teniendo en cuenta que el presupuesto no es el de Andalucía y que el ritmo de consolidación de una idea fuerza, con pocos medios, tampoco es alto, así que los eslóganes pasan por el tamiz de la trasmutación gubernamental sin haber completado su misión.
O sí, digo yo. Los expertos en márquetin han desarrollado estrategias para todo. Quizá la de los cambios rápidos obedezca a razones cinceladas en un abultado informe justificativo. Y aquí es donde sale el verdadero dolor: «con lo que nos cuesta adaptar nuestras webs, folletos y demás a una nueva imagen [en tiempo y dinero], cuando terminamos nos dejan fuera de juego con los cambios». Llegados a este punto, no me queda más remedio que pulsar en el icono del angelote que se encoge de hombros.
Parece, por otro lado, que los premios agroalimentarios inventados por la consejería tampoco dejaron contento a todo el mundo. Lo normal, se dirá. Y así es, nada satisface a todos, y menos en estos tiempos. Lo contrario sería para enmarcar. Pero que contenten a los grandes –productores– y dejen a los pequeños como niños ante escaparate de confitería y sin una perra gorda en el bolsillo es un poco excesivo. Hay que saber repartir mejor los amores o elegir a un jurado con la empatía suficiente hacia las pequeñas empresas y artesanos, donde, por cierto, hay mucho sabor de verdad.
Desde fuera, a un servidor lo que más le llamó la atención es esa falta de memoria histórica con la que se hizo creer que se trataba de una iniciativa novedosa, cuando los premios Aragón Alimentos han sido convocados, celebrados, seguidos y aplaudidos durante muchas ediciones hasta hace cuatro días. Dicen que la entrega de los agroalimentarios fue muy cuqui, pero qué bien hubiera estado sumar y hacer crecer aquellos premios cuya estatuilla de bronce firmada por Pablo Serrano era el símbolo de la meta a la que se quería llegar como comunidad y que algunos, los premiados, ya habían alcanzado. Algún día aprenderemos que reinventando la rueda no se hace historia, pero haciéndola correr, sí.
Como, por ejemplo, firmando ese convenio de colaboración con Aramón. Ese es un verdadero hito y hay que felicitar a los conseguidores. Aramón y Motorland han estado durante años, incluso alguna década, en todos los planes de promoción que se hacían para los alimentos de esta tierra. Es de Perogrullo: por allí –sobre todo por el Pirineo– pasan decenas de miles de personas provenientes, además, de lugares con interés estratégico para los productores. Había que estar y por fin se ha conseguido.
Las alternancias de gobierno tienen, como se ve, efectos positivos cuando la voluntad de innovar es real. Y porque, con la metamorfosis, cambian los poderes fácticos que condicionan la actividad gubernamental…
