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LA CASA DE LÚPULO. Cerveza y salud

cabecera Casa Lupulo

 

 

 

Puede ser que cuando lean el encabezamiento de este artículo, piensen en entrechocar sus vasos y responder de la misma manera en amistoso brindis: es siempre agradable desear salud a la gente con quien compartes cerveza.

Dejaremos los brindis para el final y vayamos a los efectos constatados del consumo de cerveza en nuestra salud. Vaya por delante que el autor, servidor de ustedes, no es sanitario, por lo que la información viene determinada por información recopilada en fuentes contrastadas y consideradas fiables.

La cerveza, como bebida alcohólica que es, resulta perjudicial para la salud. Es por ello por lo que las autoridades sanitarias advierten que su nivel de consumo más seguro debería de ser cero. Como entre nosotros eso sería algo indeseable, distópico, abogaremos por lo que se denomina consumo moderado. La Organización Mundial de la Salud, OMS, lo concreta aproximadamente en 700 mililitros para hombres y 400 mililitros para mujeres, lo que viene a ser aproximadamente dos botellas o latas de 33 centilitros y una diaria, respectivamente. Estos dos valores distintos entre el hombre y la mujer se determinan por la diferencia en la metabolización del alcohol entre ambos sexos. Lo que no queda claro es el porcentaje de volumen alcohólico que debería tener la cerveza a consumir, como ustedes bien saben no es lo mismo, por ejemplo, una Helles alemana que una Triple belga.

Permítanme una reflexión personal. Siempre he considerado el consumo de bebidas alcohólicas como un hábito con un fuerte componente social, no sé si comparable a otros como el consumo de tabaco, pero creo que ligado fundamentalmente a celebraciones, efemérides y reuniones de todo tipo. En mi entorno familiar ese rito iniciático se fraguó en esas reuniones de adolescentes denominadas botellón. Procuré, sabiendo que era algo inevitable, que mis hijos consumieran bebidas fermentadas y que huyeran de los destilados que pudieran permitirse con sus parvas economías. No creo haberlo conseguido en todos los casos pero mi conciencia se relajaba imaginándolos con una litrona o con un kalimotxo en el entorno del Náutico o del voladizo de La Concha donostiarra.

Después de este inciso, volvamos más detalladamente al tema que nos ocupa. ¿qué beneficios para nuestra salud nos puede aportar el consumo moderado de cerveza? Estudios científicos avalan la presencia de probióticos, bacterias beneficiosas para el intestino que favorecen la salud digestiva y fortalecen el sistema inmunológico. Asimismo, el proceso de fermentación puede aumentar la presencia de antioxidantes, moléculas que ayudan a combatir el daño celular producido por los radicales libres. También añaden la presencia de nutrientes beneficiosos como los polifenoles, presentes en el lúpulo y la cebada, con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias.

Añadiremos a lo anterior que la cerveza es una importante fuente de silicio, mineral que ayuda a combatir la osteoporosis al favorecer la formación de colágeno. Presenta además alto contenido en vitaminas del grupo B, sobre todo ácido fólico; fibra, potasio y magnesio. Vamos, que si no fuera por el contenido alcohólico, sería casi un medicamento de amplio espectro.

Las contraindicaciones o perjuicios que podríamos señalar son consecuencia de su volumen alcohólico, además de por su consumo excesivo.

Resulta evidente que no vamos a justificar el consumo continuo y cotidiano de cerveza por sus aspectos beneficiosos, así como tampoco vamos a estigmatizarlo. Entendamos que no se puede generalizar el riesgo ya que este depende también del individuo, su genética y su estado de salud, sus hábitos y su contexto, etc., también influyen en la manera en que el alcohol afecta a su organismo.

Concluiremos que el consumo moderado de cerveza es saludable, y, cuanto mejor sea esta, mejor para nuestros sentidos; bébanla de forma pausada, lo que nos permitirá exclamar salud mientras alzamos nuestra copa.

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