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LA HOJA VERDE. Microbiota

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Normalmente no damos la suficiente importancia a lo que no podemos percibir con nuestros ojos y no sólo porque su tamaño no nos permita apreciarlo, sino porque tendemos a infravalorar lo que se encuentra por debajo de nuestros pies. Todo el mundo es consciente de los microorganismos que conviven con nosotros en el hogar –bacterias y hongos principalmente–, pero ya se han encargado los fabricantes de productos de limpieza de alertarnos de su existencia. ¿Y los que están bajo tierra? La gran mayoría de los microorganismos no son dañinos; de hecho, muchos son beneficiosos e indispensables para la vida humana, actuando en la digestión, el sistema inmunológico y la elaboración de alimentos como yogur, queso y pan.

Solo una pequeña fracción, conocidos como patógenos, causan enfermedades. Igual que los microorganismos forman parte de nuestro microbioma humano –billones de microbios viven en nuestro cuerpo, en la piel y el intestino, y son esenciales para protegernos de enfermedades, ayudar a la digestión y entrenar el sistema inmunológico– y lo hacen también bajo nuestros pies, formando parte del microbioma subterráneo. En un gramo de tierra, lo que cabe en una cucharita de café, hay más bacterias que humanos en el planeta.

El microbioma subterráneo está formado por una extensa y compleja comunidad de microorganismos –bacterias, hongos, virus, protozoos y arqueas– que habitan en el suelo y el subsuelo. Esta vida bajo tierra interactúa con las raíces de las plantas, descompone materia orgánica, recicla nutrientes esenciales –nitrógeno, fósforo– y mantiene la salud y estructura del suelo. Las coincidencias entre ambos microbiomas, humano y subterráneo, son significativas y abarcan desde la diversidad funcional hasta la composición taxonómica, evidenciando una conexión evolutiva y ambiental.

Estudios recientes sugieren que el suelo actúa como un banco de semillas microbiano para el ser humano, y que ambos ecosistemas, a pesar de sus diferencias, comparten principios ecológicos fundamentales. Alguna de las principales coincidencias entre ambos son:

  1. Alta diversidad funcional y genética. Ambos entornos albergan comunidades microbianas inmensamente ricas que procesan nutrientes y materiales orgánicos.
  2. Composición taxonómica compartida:. Muchos de los microorganismos predominantes en el cuerpo humano –especialmente en el intestino– pertenecen a los mismos grandes filos encontrados en el suelo.
  3. Densidad de microorganismos activa. Aunque el subsuelo profundo es a menudo oligotrófico –bajo en nutrientes–, la concentración de microbios activos en el suelo es comparable a la del tracto digestivo inferior humano.
  4. Impacto de la diversidad del suelo en la salud humana. La exposición a la biodiversidad del suelo aumenta la diversidad de la microbiota intestinal, lo que se asocia con una mayor resiliencia inmunológica. La hipótesis del microbioma ambiental sugiere una estrecha relación donde la pérdida de biodiversidad del suelo está vinculada a un aumento de enfermedades relacionadas con la microbiota en humanos.

Dentro de estas coincidencias entre ambos microbiomas, también estaría la de compartir amenazas, como por ejemplo los pesticidas. Un estudio llevado a cabo por investigadores de una decena de instituciones europeas, y publicado en Nature, alertó de que la mayoría de los suelos europeos contienen plaguicidas que están reduciendo el microbioma subterráneo, afectando a la cantidad de vida de estos y a las funciones que cumple en la naturaleza.

Recientemente otro estudio concluyó que la exposición crónica a pesticidas, en dosis bajas, reduce la esperanza de vida. El estudio, publicado en la revista Science, revela que la exposición crónica al insecticida clorpirifos –prohibido en gran parte de la Unión Europea–, incluso en niveles considerados seguros, provoca un envejecimiento celular acelerado en los peces, sin causar toxicidad inmediata. La investigación, liderada por el biólogo Jason Rohr, de la Universidad de Notre Dame, indicaba que «estos resultados cuestionan la idea de que una sustancia es segura solo porque no causa daños inmediatos. Las exposiciones de bajo nivel pueden acumular efectos silenciosos a lo largo del tiempo, acelerando el envejecimiento biológico y planteando nuevos desafíos para la protección de la salud ambiental y humana».

Espero que a partir de ahora miremos con otros ojos todo lo que está bajo nuestros pies, ya que interactúa con nosotros diariamente, más de lo que a simple vista pueda parecer.

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