Segunda edición, de julio a septiembre. Tres cachopos nuevos cada mes y un Pasaporte Cachopero que convierte cada visita en una etapa
Cachopo Gaucho. Panceta ahumada, provoleta, tomate seco y chimichurri. Foto: La Tilde.
Arranca con Tándem, Leonés y Gaucho: de Teruel a la Pampa sin salir de la Romareda
Hay quien pasa el verano haciendo cola en un aeropuerto. Y hay quien, este julio, ha decidido que el mejor viaje empieza sentado a una mesa de la Romareda, con el tenedor por todo equipaje. Para ellos —para quienes se quedan en la ciudad y no piensan renunciar a nada— Nativo recupera su celebración más querida: las Cachopadas vuelven, y lo hacen a lo grande.
Si la primera edición fue una prueba, esta es la confirmación. Las Cachopadas de Verano se estrenaron el año pasado y se ganaron un sitio en el calendario gastronómico zaragozano. Este 2026 crecen: se extienden durante julio, agosto y septiembre, con tres cachopos temáticos nuevos cada mes. Tres meses, nueve destinos y un mismo billete: el cachopo.
El recorrido arranca con un trío que va de casa al fin del mundo:
Cachopo Tándem — el emblema de Nativo desde 2017. Jamón de Teruel y queso gorgonzola. El clásico que lo empezó todo y que, temporada tras temporada, no se mueve de la carta: los cimientos sobre los que se levanta cada aventura.
Cachopo Leonés — el más pedido del verano pasado, de vuelta por aclamación popular. Cecina, crema trufada de queso y un huevo a 65º que lo corona. Foto: La Tilde.
Cachopo Leonés — el más pedido del verano pasado, de vuelta por aclamación popular. Cecina, crema trufada de queso y un huevo a 65º que lo corona. Un homenaje a León con acento asturiano.
Cachopo Gaucho — el nuevo, el viajero. Panceta ahumada, provoleta, tomate seco y chimichurri: un cachopo que cruza el charco hasta la Pampa argentina y vuelve para contarlo.
Todos se elaboran, como manda la casa, al momento y en la propia cocina de Nativo, sin atajos ni fórmulas industriales. Porque en Grupo Tándem nos gusta cocinar, y un cachopo bien hecho no entiende de prisas.
Que el formato funciona lo dicen los números. El verano pasado se sirvieron 696 cachopos en Nativo durante las Cachopadas. Puestos en fila, suman 278,4 metros: más que el Titanic de proa a popa (269 m). En aquella primera edición, el Cachopo Leonés se coronó como el más pedido y el Txapeldún se quedó a las puertas, en segunda posición. Con la temporada ampliada a tres meses, Nativo aspira este año a superar la marca… y a seguir sumando metros.
El Pasaporte Cachopero, alma de la iniciativa, vuelve a poner la aventura en manos del comensal: un sello por cada cachopo degustado y, al completar la cartilla, una cena de cachopo para dos. Un sistema que el año pasado convirtió a los clientes en exploradores de carta y que este verano promete nuevas etapas.
Para quienes prefieren empezar suave, las piruletas de cachopo siguen siendo el aperitivo perfecto para acompañar el vermut: el plato estrella en formato tapa, un vuelo de reconocimiento antes del viaje largo.
“El verano pasado aprendimos que a los zaragozanos les gusta viajar sin hacer maletas. El cachopo se convirtió en su pasaporte y no pensamos quitárselo”, explica Kike Júlvez, CEO de Grupo Tándem. “Por eso este año vamos a más: tres meses, más destinos y la misma idea de siempre, que quedarse en Zaragoza en verano no es renunciar a nada, sino todo lo contrario.”
Así, mientras media ciudad hace las maletas, Nativo propone el plan alternativo del verano: una mesa, tres cachopos y un pasaporte por sellar. El viaje, esta vez, se hace a bocados.
Las Cachopadas continúan en agosto y septiembre con nuevas creaciones que se desvelarán cada mes, manteniendo viva la expectación hasta el final del verano.
