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WINE LOVER: Diego Mur

Wine lover

«La parte emocional del vinoes importantísima»

 

 

 

Quince años lleva Diego Mur trabajando como experto del marketing en el mundo del vino y dice que solo puede dar las gracias. Gracias porque en estos años ha encontrado compañeros que siempre se han brindado a ayudarle. Una muestra, asegura, de «la cantidad de lazos que crea el mundo del vino». Lazos que conoce desde 2011, cuando comenzó a trabajar en Viñas del Vero, en el área de enoturismo. En 2013 pasó a marketing y, un año y medio después, se fue como brand manager a González Byass. Desde 2022, este oscense es el director de marketing de Bodega Sommos.

¿Cuál es su primer recuerdo relacionado con el vino?

Haciendo vino en casa, en mi pueblo, El Grado. Mi padre tenía una viñas y hacía algo de vino a modo de afición. Así que de muy pequeñito ya supe lo que era vendimiar o pisar la uva.

¿Y su primer recuerdo profesional o contacto con el vino?

No es el primer contacto profesional directo con el vino, pero con uno de mis primeros sueldos trabajando en verano me fui a cenar con unos amigos a un restaurante de Huesca, el Martín Viejo, y recuerdo que nos pedimos una botella de Viñas del Vero, Gran Vos. Y, precisamente, en Viñas del Vero empecé a trabajar con 22 años. Siempre me atrajo el sector agroalimentario, me apasionaba; creo que Aragón tiene un gran potencial y se pueden hacer grandes cosas.

¿Qué quería ser de mayor?

Muchas cosas. Quería ser buzo, porque veía esos documentales de Jacques Cousteau en los que siempre salían buzos entre los tiburones con los peces. Después, bombero. La vida te lleva, poco a poco, a la realidad.

¿Cómo le explicaría qué es la felicidad a un niño de siete años?

Creo que al final es hacer algo que te guste, que te apasione.

¿Qué parte de responsabilidad tiene el vino en su felicidad actual?

Está la parte personal en la que soy muy feliz, muy muy feliz, con mi mujer. Pero también la parte profesional ayuda mucho, porque, queramos o no, pasamos muchas horas del día trabajando. Si hay que trabajar, en algo que te guste. El vino me apasiona; por poner un ejemplo, en el puente de mayo me fui a Burdeos con un amigo a ver bodegas por afición.

Hablar de las emociones del vino ¿es solo imagen?

Todo en la vida es marketing, pero la parte emocional del vino es importantísima. El vino siempre se toma por placer. No es como una fruta que tomas a media mañana para seguir trabajando, o como tantos alimentos que se comen porque sabemos que son buenos para nosotros. Pero el vino se elige por placer. Me resulta curioso que me pregunten por un buen vino, o el mejor vino que he tomado. Porque siempre será el que asocie a un buen momento. Como el que te tomas el primer día de vacaciones, delante del mar o en la montaña, donde te hayas ido, picando cualquier cosa con tu pareja. Ese mismo vino no te sabrá igual en una comida de trabajo o un día que estás triste.

¿Maridan bien el vino y el marketing?

Creo que sí; hay historias reales que el vino te permite contar que no estaríamos dispuestos a escuchar cuando vamos a comprar un tornillo o una manzana.

Dicen que todos los españoles llevan dentro un presidente del gobierno y un seleccionador de fútbol. ¿También llevamos ahora un (falso) sumiller, alguien que cree saber de vino?

Totalmente de acuerdo, pero también creo que es lo chulo. Quiero decir, si casi todo el mundo no tuviera su once ideal con el que ganar el mundial, no habría tanta gente viendo fútbol. Con el vino, está bien saber y querer saber más, que tengamos humildad, que queramos aprender, que queramos ir a catas, que queramos ir a conocer bodegas, porque seguro que nos van a descubrir muchos puntos de vista que no conocemos; sobre todo, nos van a derribar muchos dogmas. En España, todos tendríamos que saber algo de vino y tendríamos que sentirnos orgullosos, porque somos un país productor de vino.

¿Se sigue disfrutando del vino cuando se trabaja con él?

Totalmente. Es verdad que, al final, como en todos los trabajos, miro el vino con otros ojos; lo disfruto, pero con otro sesgo.

¿Qué le quita el sueño? ¿Qué tal duerme?

Por suerte, duermo bien porque trabajo mucho y me puede el cansancio. Por su afección al sueño, me preocupa, como a todos en este sector, el descenso del consumo del vino.

¿A quién invitaría a un vino? Personaje histórico, público o alguien de su entorno.

En este contexto que tenemos ahora mismo, de política internacional tan desagradable, de tanta fricción, invitaría a todos los partícipes. Ojalá toda esta serie de conflictos, en lugar de resolverlos a través de una pantalla a 20 000 kilómetros de distancia, se solucionaran en una mesa con una botella de vino. Sería más fácil llegar al entendimiento. Trump tiene que dejar la Coca-Cola y el McDonald’s y tomarse un buen vino y un plato de buen jamón.

¿Y quién cree que no se merece ni olerlo?

Por el mismo motivo, creo que el vino puede ayudar a dar el brazo a torcer. De verdad, invitaría a un vino a todo el mundo porque es algo maravilloso, que engloba milenios de historia de la civilización occidental y que seguimos haciendo evolucionar.

¿A quién le debe un vino? (Cita pendiente)

A mucha gente, sobre todo excompañeros, gente que conoces del sector, que te vas viendo en ferias y demás pero que nunca encuentras el momento de tomarte un vino tranquilamente.

¿Qué ha hecho últimamente para hacer feliz a alguien?

Llevar a mi madre y a mi mujer a un monólogo de Luis Piedrahita en Huesca. Fue algo muy chulo con lo que fuimos felices los tres.

¿Cómo se ve en diez años?

Esperemos que en el mundo del vino, por supuesto. Y disfrutando mucho del vino.

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