Cultura gastronómica
Si bien Aragón comenzó más tarde que otras comunidades vecinas a reivindicar y recuperar su tradición y cultura gastronómica, lo cierto es que mucho se ha avanzado en los últimos decenios. Quizá no tanto como nos gustaría, pues tememos que una ingente cantidad de materiales –desde cartas históricas de restaurantes hasta colecciones de libros y revistas– está en trance de desaparecer para siempre. Y resulta que no, no todo está en Internet, especialmente lo sucedido en el pasado siglo. Y, obviamente, sus propietarios no pueden digitalizarlo con sus eximios medios.
Las instituciones, en general, se llenan la boca hablando de su apoyo a la gastronomía, pero las más de las veces esta ayuda consiste en subvencionar alguna actividad lúdica y festiva –o generarla directamente–, sin ir más allá. Valga como ejemplo esos chorizos que se elaboran a la brasa en diferentes ferias medievales, cuando el pimentón –esencial en este embutido– distaba siglos de conocerse en nuestro país.
Quienes ya peinan canas recuerdan cursos relacionados con la gastronomía –no solo de cocina–, en Formigal, a cargo de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, los desarrollados por la Universidad Popular de Zaragoza o las sesiones en las instalaciones –perfectamente dotadas de cocinas– de Zentrum Ibercaja. Apenas quedan ciclos de charlas y conferencias, auspiciados por instituciones como Slow Food, La Cofradía de la Borraja y el Crespillo de Aragón, la Academia Aragonesa de Gastronomía, el programa Pon Aragón en tu mesa o el Centro de Innovación Gastronómica de Aragón. Y, si se quiere, las actividades hacia el exterior de las escuelas de hostelería. Sin olvidar otras interesantes iniciativas, como Alcotec, ciencia y tecnología, caídas en el olvido, vaya usted a saber por qué.
Poco, muy poco se hace en serio. Por supuesto que hay que apoyar eventos y promocionar los alimentos aragoneses, pero hay que ir más allá. La gastronomía no consiste únicamente–que también– en comer y beber. Debe ayudarnos también a comprender el mundo que nos rodea, que no otra cosa es la cultura.
Todavía se está a tiempo de cortar esta aculturización alimentaria y gastronómica. Desde estas páginas –que en tiempos, por ejemplo, llegaban a todos los centros escolares de la Comunidad– seguiremos trabajando en ello. Y, por supuesto, disfrutando de los placeres de la buena mesa.
