
Entre tantas noticias desoladoras que nos golpean cada día haciendo tanto ruido, vamos a difundir una ¿pequeñita?, sin estridencias, pero que nos llenó de gozo a todos los que asistimos al homenaje organizado por la asociación Slow Food Zaragoza-Teruel, a la familia Moragrega Julián, en agradecimiento a su «compromiso con la cultura alimentaria» en un lugar tan bello como la localidad turolense de Beceite o Beseit, celebrado en la sala Bóveda de La Font del Pas.
Elegimos el día 23 de abril por su significado para Aragón, organizando una excursión por la comarca del Matarraña que, poco a poco, se fue convirtiendo en un homenaje, en el que, de sorpresa en sorpresa, fuimos desgranando la trayectoria de esta familia que supo conjugar un turismo de calidad con una gastronomía de proximidad, dentro de una filosofía slow.
Don Pascual Moragrega y doña Teresa Pascual, han sabido transmitir a sus hijos: Alberto, Javi y Rubén, su verdadero amor por su tierra y por sus señas de identidad. Hace 17 años que comenzaron su aventura, una aventura que nos beneficia a todos y que van perfilando poco a poco, incorporando además del patrimonio histórico –reconstruyendo parte de una de las fábricas de papel de Beceite del siglo XIX, para transformarla en un hotel con encanto: La Fábrica de Solfa–, un patrimonio gastronómico como es la judía blanca autóctona de esta comarca, conocida como fesol de Beseit.
Esta familia junto con otros agricultores y restauradores de la zona, como los Alcalá, los Torres, los Gil, han contribuido a preservar esta legumbre considerada como un rico legado, que han seguido cultivando porque estaba en riesgo de desaparición. Por este motivo, sumado a que es producida a pequeña escala, vinculada a este territorio y muy valorada organolépticamente, ha sido incluida recientemente, en el proyecto de Slow Food Internacional, denominado Arca del Gusto, gracias a la labor de Cristina Mallor, Chuma Sahún y Belén Soler, que como presidenta, fue la encargada de entregar dicha acreditación a los hermanos Alberto y Javi, quienes se mostraron gratamente sorprendidos y quisieron compartir este reconocimiento con todos aquellos agricultores y entidades que impulsan el cultivo de variedades locales, protegiendo la biodiversidad.
Después de la proyección de un video sobre la trayectoria de esta familia, de sus logros, distinciones y premios, Alberto y Javi, nos conmovieron con sus palabras al manifestar que su voluntad siempre había sido la de mantener un mundo rural vivo, cuidando sus raíces, su tierra, sus semillas, sus gentes y su entorno. Sin prisas y estando donde ellos quieren estar.
A continuación, en la chopera del río Matarraña, tuvo lugar la degustación de un perolico de fesols cocinados con ajos de Arándiga, azafrán de Teruel y aceite de oliva virgen extra Royal de Alloza. Junto con alimentos buenos, limpios y justos de productores de la asociación, como conejo escabechado del Tío Nicasio, queso de Biota, encurtidos de las hermanas Molina, chocolates artesanos Isabel, empanadillas y pan de Ecomonegros, y con vino de Antonio Artal, brindamos familiares, amigos y vecinos por estos defensores de la biodiversidad, que sienten verdadera pasión por su tierra.
En su local, está escrito: «Lo que sembramos con las manos lo recogemos con el corazón».
