Después de enfrentarse a esta tautología, pensarán ustedes y con razón, de qué demontres nos va a hablar este individuo.

Presumo que en sus viajes más allá de nuestros confines, acostumbrarán a disfrutar de cervezas locales y a la hora de solicitarlas descubren que, centrándonos sobre todo en Europa, en casi la totalidad de países su denominación es muy similar: beer, bière, bier, birra, bira, exceptuando los países nórdicos con su öl, que sería el equivalente escandinavo de ale, y pivo para casi todos los países eslavos. Añadiré que incluso en ese idioma universal que es el esperanto su denominación es biero.

Y aquí nos llega la excepción ibérica, cerveza y cerveja para nuestros vecinos portugueses. Escribiendo esto me viene a la cabeza el eslogan tardofranquista del Spain is different, impulsado por Fraga. Tiempos oscuros.

Pues bien, si obedecemos a lo que nos indica la RAE, la etimología deriva del latín cervesia un término de origen celta o galo cuyo significado sería bebida de grano. Algunos estudiosos vinculan el origen de la palabra a la diosa de la mitología romana Ceres responsable de la agricultura y de la que deriva asimismo el término cereal, como sabemos elemento indispensable en la elaboración de la cerveza.

En cuanto a la denominación beer, bier, bière, etc., su origen es también latino. En este caso del verbo bibere –beber–, palabra de la que surgen las variantes en todos los idiomas, incluso en el antes mencionado caso eslavo si tenemos en cuenta que la primera persona del presente de indicativo del verbo originario es bibo, y la denominación de la cerveza en dichos países es pivo. Saquen ustedes sus propias conclusiones.

Existe otra teoría, esta mucho más literaria, en cuanto a la denominación de cerveza. Para ello nos remontamos a la Guerra de Flandes –1568-1648–; las unidades de élite de la infantería española, los llamados Tercios de Flandes, se despliegan en la región de Flandes contra la rebelión de los Países Bajos. Cuentan que en sus descansos entre batallas, en sus ratos de asueto, se dirigían a las posadas y tabernas del lugar y demandaban las bebidas que veían consumir a los nativos. Desconocedores de su nombre, los que conocían el francés lo solicitaban en dicho idioma: S’il vous plaît, servez ça –Por favor, sirva usted eso–, señalando lo que libaban los autóctonos en las mesas. Otros compañeros de armas, desconocedores del idioma, escuchaban la demanda anterior y repetían de modo literal el final de la frase en modo fonético, servesa, adaptando dicha palabra a la denominación de la exquisita bebida.

No podemos asegurar la veracidad de esta conjetura sobre el origen de la palabra cerveza, pero sin dudarlo le aplicaríamos el aforismo italiano, Se non è vero, è ben trovato. Carecemos de pruebas pero la explicación resulta tan creíble, oportuna e ingeniosa, que merece ser validada como cierta.

En definitiva, ante la presencia de una cerveza, bier, birra, beer, es improbable que perdamos el tiempo divagando sobre cómo llamarla. Lo que sí es cierto, es que es ella la que nos reclama a beberla, a disfrutarla, sin discriminar por razón de idioma, género, orientación sexual, credo o raza.