‘Gigantes y cabezudos’

 

 

Que en Cariñena y la denominación de origen a la que da nombre el vino es la referencia gastronómica fundamental no deja de ser una obviedad. Sin olvidar por ello que también platos de viejo y nuevo cuño, como la lasaña de morcilla, ya un viejo nuevo, aportan identidad al territorio. Igual que bares y restaurantes convertidos en emblema por propios y visitantes.

Pero hoy la cosa va de platós o, más ampliamente, de cine, pues esta comarca ha visto pasar por sus calles, caminos y paisajes más directores y actores de los que se podría imaginar.

Lo último ha sido el documental La primera vez… el sabor de lo nuevo, estrenado hace muy poco en Zaragoza y que pasará sin pena ni gloria a los archivos fílmicos. Se ve que había presupuesto para hacer algo y se hizo, sin más.

También fruto del año en que Cariñena ha sido ciudad europea del vino es el largometraje Cariñena, vino del mar, una producción mucho más cuidada, con un guion serio, inspirado en la novela casi homónima de Antón Castro. La película es delicada, está cargada de emoción y tiene una banda sonora que por sí misma hace que valga la pena verla.

Casi todo el mundo recordará también que Julio Médem filmó en estos viñedos Tierra, 1996, la historia de amores y pasiones que se teje alrededor de un fumigador con doble personalidad. Nunca se había concentrado en Cariñena tal cúmulo de celebridades cinematográficas: Médem, Carmelo Gómez, Emma Suárez, Karra Elejalde, Silke… Preestrenada en Zaragoza, en un acto organizado por el propio consejo regulador y con la presencia del director y alguno de los protagonistas, esta película sigue mostrando las tierras rojas y los paisajes de la denominación de origen y la bodega de Cosuenda donde trascurre una parte de la trama.

La memoria reciente acaba, más o menos, aquí, pero la relación del municipio con el cine empezó en 1925, con el rodaje de Gigantes y Cabezudos. Florián Rey eligió la Fuente de la Mora para una escena de amor con rotura de cántaro. En la película se pueden ver, también, la estación de Cariñena y la estación llamada de Cariñena, en Zaragoza. Y bajando del tren, probablemente, a un montón de cariñenenses de la época, involuntarios figurantes de un momento en el que el cine se servía de las escenas de la vida real.

Si de trenes hablamos, la estación cariñenense aparece asimismo en Ley de raza, rodada por José Luis Gonzalvo en 1969 e inspirada en la novela Juan Pedro dallador, del panicense Ildefonso Manuel Gil, a quien también se debe el guion. Pero también aparece el bar Avenida, donde se rodó una pelea tan intensa que alguno de los actores hubo de acudir después al médico.

Y la locomotora de vapor conocida como Esla 10 por su último trabajo en las minas leonesas, es la que tira del tren en el que un maquis desencantado de la vida lo abandona todo. Se trata de Luna de lobos, 1987, de Julio Sánchez Valdés, inspirada en la novela de Julio Llamazares. Esa locomotora era una de las que formaban parte del ferrocarril de vía estrecha construido entre Cariñena y Zaragoza y a través del cual los vinos de la zona iniciaban su viaje al extranjero.

Unos años antes, en 1973, se había producido Mi hijo no es lo que parece, también conocida como Acelgas con champán y mucha música. Esta película de Angelino Fons no tiene escenas cariñenenses, pero se estrenó en el cine Olimpia de la localidad como parte de una campaña para evitar que las monjas del convento de Santa Ana fueran trasladadas a otro municipio. En la proyección estuvieron el alcalde y las religiosas objeto del homenaje, disfrutando de un filme ¡del predestape! protagonizado por una Esperanza Roy muy carnal.

Lo divino y lo terrenal se mezcló de nuevo en 1989, cuando el Santuario de la Virgen del Águila, en Paniza, se convirtió en el cuartel donde Antonio Isasi-Isasmendi hizo coronel a Paco Rabal. El actor aprovechaba para echarse los pitillos con el pastor que comandaba el rebaño de la Administración de Carnes del Ayuntamiento de Paniza; y, de paso, algún trago de la bota. El aire de un crimen se inspiraba en la novela del mismo título de Juan Benet.

Y como hemos empezado con un documental, recordemos uno de 1972 sobre la vendimia grabado por Bodegas El Baturrico y los que en los años noventa, con el patrocinio del consejo regulador y bajo el título de La cultura del vino, son obra del etnógrafo Eugenio Monesma con guion de quien esto escribe. El pipero, El herrero o El mostillo, son algunos de los capítulos de la serie; este último, un plato que llegó al plató.

 

‘Tierra’.