Érase una vez un fuego de un hogar que no solo cocinaba alimentos, sino historias, compromisos y futuros compartidos. En torno al hogar de pueblos como Encinacorba y todas las aldeas de la ribera del Ebro, se tejía la vida cotidiana: el borboteo incesante de la cachuela marcaba horas, temporadas y hasta conflictos familiares. Hoy en muchas de esas casas, la airfryer ha ocupado su sitio y zumbando en la encimera promete comida crujiente, sin humo y cenas rápidas para uno. Entre ese fuego lento y el suave zumbido de la freidora de aire, se ha desplegado una trasformación profunda de la que en ocasiones no se ve: hemos pasado de hogares que construían sociedad a electrodomésticos que abrazan la individualidad.

¿Es nutrición, o es cultura? Comer es un acto profundamente biocultural que engloba biología, símbolos y sociedad. La alimentación no consiste solamente en meter nutrientes, sino que engloba todo un sistema de organización social. Jesús Contreras y Mabel Gracia, referentes en España en el estudio cultural de la comida, lo dejan muy claro: la alimentación es acto social antes que cálculo calórico. Este punto de vista nos lleva desde la pregunta «¿qué comemos?» a otra pregunta más incómoda: «¿con quién comemos?» El hogar organizaba tiempo, cuerpos y palabras; era institución en miniatura donde se aprendía a compartir. Y es en estas cuestiones donde el fuego y la airfryer dejan de ser el elemento que cocina alimentos, para convertirse en pistas sobre nuestras formas de vida.

El fuego no sólo cocina recetas, sino también tejido social. En muchas regiones de España, y también del mismo modo en el Aragón rural, el fuego de la cocina ha sido tradicionalmente el corazón de la casa. La cocina constituye un «universo social propio». El hogar pirenaico alcanzaba 300° C, calentando almas en 50 metros cuadrados. Juan Alfonso Belmontes lo llama territorio intercultural: pelar, remover, asar, negociaban generaciones. Los guisos lentos en barro generaban microbiotas diversas, precursoras de dietas modernas.

De la cadiera a la encimera. La urbanización, mujeres y hombres trabajadores y los procesados, rompieron el ritual. Claude Fischler habla de gastro-anomía: pequeñas comidas que evitan las charlas profundas. Airfryer –un millón vendidas España en 2025–: raciones pequeñas, sin conversación.
Una receta, dos fuegos, la encrucijada actual. Patatas pimentonadas: mismos ingredientes, distinto mundo. Al fuego: pelar en grupo, vigilar llamas, comer compartiendo. En airfryer: cortar sola, programar, comer frente a TikTok. El plato igual, la situación opuesta.

Y yo me pregunto, ¿hay que reivindicar la comida como invitación al diálogo y resistencia a la individualidad?

Colorín colorado… como decía Brillat-Savarin: «El que no cuida la comida para amigos, no merece tenerlos». Fisiología del gusto, 1825.

 

Bibliografía:
Belmontes, J.A. (2020). Rev. Antrop. Exp., 20. [revistaselectronicas.ujaen]
Contreras, J. & Gracia, M. (2005). Alim. cultura. Ariel. [es.scribd]
Fischler, C. (2010). Gazeta Antrop., 26(9). [gazeta-antropologia]
Brillat-Savarin, J.A. (1825). Fisiol. gusto. [saberparacomer.blogspot]