Historia viva de La Rioja

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A finales del XIX, el bordelés Frederick D’Anglade con socios franceses y riojanos funda Bodegas Franco-Españolas, pocos años después de la construcción del puente de Hierro. FOTO: Francisco Orós.

 

Desde hace tiempo nos rondaba por la cabeza la idea de visitar la bodega más céntrica de Logroño. Indudablemente su ubicación no ha variado desde sus orígenes, más bien ha sido el desarrollo urbanístico de la capital de La Rioja el que ha conseguido situarla a poco más de diez minutos a pie desde la puerta de la concatedral de Santa María de la Redonda o desde la célebre calle Laurel. Es posible ir en coche pero el trayecto adolece del encanto de pasear por el puente de Hierro que cruza el Ebro sobrevolando sus riberas, transformadas a día de hoy en unos magníficos y cuidados parques.
En 1890, tan sólo unos pocos años después de la inauguración de dicho puente, con la imperativa necesidad de buscar territorios aptos para la elaboración de vinos lo suficientemente alejados de la plaga de filoxera que asolaba el viñedo francés a finales del XIX, el bordelés Frederick D’Anglade con dos socios franceses y seis riojanos funda Bodegas Franco-Españolas.

La añoranza a su Burdeos natal influyó en el diseño inicial de las instalaciones: edificaciones de piedra de sillería tipo château a orillas de un cauce fluvial importante y con el viñedo a salvo de los temporales atlánticos protegido por la imponente silueta del león dormido –sobrenombre por el que se conoce a la sierra de Cantabria– complementando la construcción con la sucesiva excavación de unos interminables calados subterráneos abovedados hasta llegar a los 60 000 metros cuadrados de superficie en la actualidad.

Como cabría esperar, D’Anglade y sus socios no pudieron traerse las variedades de uva bordelesas, pero sí sus técnicas de vinificación y sobre todo sus procedimientos de crianza. De no haber sido por ellos y por muchos otros que se decidieron a cruzar los Pirineos, la elaboración de vinos en España nunca hubiera dado el salto cualitativo que supuso el empleo de las barricas de roble.

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VIN ENO Franco Españolas 2 FOROS. FOTO: Francisco Orós.

En tierras francesas sufriendo las acometidas de la filoxera quedaron la cabernet sauvignon y la merlot, de manera que aquellos empresarios aventureros tuvieron que comenzar a elaborar vino con las variedades autóctonas riojanas –tempranillo y viura– y a la vista de los años que han pasado desde entonces y del éxito obtenido no parece que se les diera nada mal.

En la moderna sala de elaboración de Bodegas Franco-Españolas, en el extremo de una doble hilera de depósitos de acero inoxidable de 66 000 kilogramos de capacidad cada uno, llama la atención del visitante una preciosa vidriera que bien podría hallarse en una catedral gótica. En ella se representan los escudos nobiliarios de Burdeos y de Logroño, unas casitas tipo chateau, la Sierra de Cantabria, la reproducción de la cara del dios Baco, así como los rostros de dos mujeres, una de tez blanca representando a la viura y otra de tez morena representando a la tempranillo, en un sincero homenaje al pasado, a la tradición y a la tierra.

Cambio de manos

A lo largo del siglo XX la bodega cambió de propietarios en varias ocasiones –formó parte junto con otras bodegas de la red de empresas de Rumasa– hasta que en 1984 fue adquirida por Marcos Eguizábal, exitoso empresario riojano que incluso llegó a ser presidente del Club Deportivo Logroñés.

Tras su fallecimiento en 2009 y después de un periodo de transición, su nieto Borja le sustituyó definitivamente en 2016 al frente del grupo bodeguero que lleva con orgullo su apellido y en la actualidad elabora cada año cinco millones de litros de vino en Rioja y 400 000 en Ribera del Duero.
Esta savia nueva que circula entre las barricas de Franco-Españolas es la responsable de la modernización en la imagen de sus vinos. Se mantienen sus dos marcas míticas, Diamante y Bordón, si bien pueden apreciarse cambios graduales en sus etiquetas. También la elaboración de nuevos vinos, como el blanco semidulce Talla de Diamante –novedoso ensamblaje de viura y chardonnay– o el crianza RB –moderno vino de autor monovarietal de tempranillo con más protagonismo de la fruta y barrica menos presente– orientan las futuras tendencias hacia vinos más alegres y ligeros, sin renunciar a la elaboración tradicional de reservas y grandes reservas, vinos que antaño fueron conocidos como finos de Rioja.

 

La visita

La visita enoturística propiamente dicha se inicia en una espectacular sala subterránea ocupada por tinos de roble de 33 000 kilogramos de uva de capacidad, actualmente en desuso, con finalidad exclusivamente decorativa, ubicados bajo una gran sala dedicada a eventos –bodas, comuniones, semana de la moda–, porque también en ese aspecto Bodegas Franco-Españolas están revolucionando sus actividades comerciales.

Y no es de extrañar que así lo hayan decidido, porque si alguien dispone de una bonita bodega lo más inteligente es mostrarla al público y ponerla a disposición de quien desee disfrutarla.

No existe una única sala de crianza en Bodegas Franco-Españolas que albergue las aproximadamente 11 000 bordelesas de 225 litros que integran el parque de barricas. Los kilométricos calados subterráneos esconden barricas en todos los rincones y sólo el personal de la bodega sabe qué vino reposa en una sala, y lo más importante, por qué en esa y no en otra.

A pesar de que para el visitante la temperatura y el grado de humedad parezcan constantes, la realidad es bien diferente: la profundidad del calado, la cercanía al vecino lecho fluvial del río Ebro, la antigüedad de las piedras… todo parece tener influencia. Tal vez por lo que representa, una de las más queridas es una pequeña sala de crianza presidida por la imagen de la Virgen de Valbanera, patrona de La Rioja, a quien se tiene por costumbre ofrecer el primer mosto del año, y con certeza que así lo hará hasta el bodeguero menos creyente, por lo que pueda pasar.

El uso medio de cada barrica es de siete años y emplean roble americano, roble francés y mixtas –tapas de francés y duelas de americano– destinándose estas últimas a la crianza de los tintos más modernos. Las barricas una vez superada su vida útil se venden a bodegas jerezanas y a destilerías para el añejamiento de whisky.
También los bitartratos –sedimentos que quedan en las barricas después de realizar los trasiegos– se aprovechan dándoles como destino la elaboración de sal de vino y de productos cosméticos. Asimismo, los corchos se donan a una asociación benéfica que fabrica con ellos motivos decorativos.

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La gama Bordón tan sólo realiza crianza en roble americano y su nombre evoca el Camino de Santiago.. FOTO: Francisco Orós.

La gama Bordón

La gama Bordón tan sólo realiza crianza en roble americano. Podríamos decir que dichos vinos siguen la elaboración más tradicional riojana. Por cierto, una curiosidad. Después de pasarnos media vida preguntándonos de dónde provenía dicha marca y si tenía alguna significación, nuestra amable guía durante la visita por fin resolvió nuestras dudas. Un bordón es un báculo, un bastón de peregrino, en recuerdo de los muchos que han transitado y transitarán por las proximidades de Logroño en su viaje hacia Santiago de Compostela. También fonéticamente bordón guarda cierta similitud con Bourdeaux, lugar de procedencia de Frederick D´Anglade, fundador de la bodega.

El vino terminado y embotellado se conserva también bajo tierra, bien en jaulones metálicos, bien siguiendo el sistema de apilamiento tradicional riojano a lo largo de una pared. Este segundo método es el que se emplea en el Botellero Meninas, una curiosa sala que armoniza modernidad y tradición. Una representación del famoso cuadro de Velázquez, tuberías pintadas con colores que recuerdan a las gamas cromáticas de los vinos según su crianza y en un lugar preeminente una peculiar obra de arte actual que representa a una vid en su trono y que desde luego a nadie deja indiferente.

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Tal y como reza alguna imagen promocional de la bodega, sin duda Franco-Españolas son historia viva de Rioja y de España. El rey Alfonso XIII las visitó en dos ocasiones, a sus puertas hay tomadas fotografías durante la Guerra Civil y por sus calados paseó el célebre periodista y escritor estadounidense Ernest Hemingway en el año 1956, quien incluso llegó a nombrar los vinos de Franco-Españolas en alguna de sus obras.

Por lo que suponen de historia y tradición, por la calidad de sus vinos añada tras añada y por su privilegiada ubicación, Bodegas Franco-Españolas representan sin duda el complemento ideal para una breve visita a la capital de La Rioja.