CULT metaverso 1

 

Vaya por delante una clara manifestación de principios: no concibo un buen yantar en un mundo virtual. Pero no podemos cerrarnos a lo que nos depara el futuro –más bien rabioso presente– y pese a que en ocasiones no comulguemos con ruedas de molino, debemos ser conscientes y poner de manifiesto lo que el metaverso puede suponer en todos los campos de nuestra vida, y entre ellos el de la gastronomía.

Pero antes de entrar en la ecuación metaverso-gastronomía, ¿ustedes saben que es el metaverso?

Si bien el concepto ha cobrado mucha fuerza después de que Facebook pasara a denominarse Meta en 2021, y de la reciente sanción por violación de la protección de datos de los usuarios de la autoridad irlandesa a la empresa de Mark Zuckerberg –nada más y nada menos que 1200 millones de euros por infracciones en la privacidad de los usuarios–, lo cierto es que encuentra sus orígenes en la ciencia ficción, allá por los años 50.

A día de hoy, podemos definirlo como un espacio virtual compartido en línea en el que las personas, mediante un alter ego conformado por su avatar, pueden interactuar e incluso realizar actividades similares a las del mundo real –si bien con la pejiguera de portar unas gafas, bastante aparatosas–.

Aunque la mayoría asociamos el metaverso con los videojuegos –pregúntenle a sus hijos si juegan a Roblox, plataforma de videojuegos en línea dónde los usuarios pueden crear sus propios mundos virtuales, incluso con moneda propia: el robux–, esta tecnología está siendo explorada en todos los ámbitos, incluyendo, como decíamos, la gastronomía.

Detrás de la conexión entre metaverso y gastronomía, se trata de crear experiencias gastronómicas virtuales que nos permitan, como comensales, disfrutar de la comida de una manera única y emocionante. Esto podría incluir visitas virtuales a bodegas de vino o fábricas de cerveza, o incluso la creación de restaurantes virtuales donde los clientes pueden diseñar sus propios platos y ver cómo se cocinan en tiempo real.

Además, los chefs y restaurantes del mundo real también pueden usar el metaverso como una plataforma para promocionar sus productos y crear nuevas experiencias gastronómicas. Por ejemplo, un chef podría crear un evento virtual en el que los usuarios puedan interactuar con él y aprender sobre su cocina y sus técnicas culinarias.
Otra forma en que la gastronomía puede ser parte del metaverso es a través de la venta de productos virtuales relacionados con la comida. Por ejemplo, los usuarios pueden comprar productos digitales como recetas, ingredientes y herramientas de cocina virtuales que les permitan experimentar con la cocina en el mundo virtual.
Sin embargo, todavía hay muchos desafíos técnicos y prácticos que deben superarse antes de que la gastronomía en el metaverso se convierta en una realidad. Por ejemplo, el sabor y la textura de los alimentos son aspectos difíciles de replicar en un ambiente virtual. Además, la experiencia de comer es multisensorial y es difícil de emular en línea.

Esto es, no nos engañemos, ¿sería posible degustar un buen ternasco de Aragón, asadico al horno, en el metaverso? La respuesta es sencilla: no.

En resumen, aunque el metaverso ofrece muchas posibilidades emocionantes para la innovación gastronómica, todavía hay mucho por hacer para que esta visión se haga realidad.

Bien es verdad, y ejemplos de ello existen en la red de redes, que hay proyectos donde encontrar experiencias culinarias o gastronómicas que aúnan creatividad y tecnología.

Pero para comprender un poco mejor lo que es el metaverso no podemos olvidar otro concepto esencial –los NFTs– que entroncan con la tecnología blockchain.

El NFT –non fungible token– es una especie de certificado de autenticidad y sobre todo, de unicidad y exclusividad de un bien digital obtenido a través de su asociación a una transacción en una blockchain –conocida entre los mortales como cadena de bloques–.

Para que lo entendamos. Un bien físico –una escultura, una joya– tiene un certificado de autenticidad, incluso pueden tener un sello de contraste; y por muchas copias que se hagan del mismo ese bien certificado o ese sello garantizará su autenticidad frente a las posibles copias que se hicieran de la misma.

Si contraponemos a ese bien físico, uno digital, las posibilidades de replicar los posibles sellos de autenticidad o certificados digitales así como el propio bien digital, no tienen límite, por lo que probar la autenticidad de dichos bienes se antoja bastante más difícil, dado que se trata de un bien intangible y fácilmente copiable con las herramientas tecnológicas del siglo XXI. Por ello, para evitar estos inconvenientes, y facilitar sus transacciones, se ha recurrido a la tecnología blockchain, plataforma en la que se pueden crear, programas y almacenar contratos y transacciones, garantizando la autenticidad del contenido y de la atribución de la propiedad del bien. Si bien, creo sinceramente que a día de hoy no está claro el coste real de mantener una red o plataforma de tal alcance, dado que precisa de ingentes recursos para garantizar su funcionamiento.

No hay pocos que piensan que el metaverso es el futuro, y que en pocos años será el Internet que hoy conocemos. Y ciertamente, si a cualquiera de nosotros nos hubieran preguntado, allá por el año 2000, si teníamos que tener presencia en Internet, seguramente ninguno hubiéramos tenido certeza en una respuesta afirmativa. ¿Será el futuro?

Probablemente, pero en todo caso recordemos a nuestro ilustre paisano Gracián «Lo fácil se ha de emprender como dificultoso, y lo dificultoso como fácil. Allí porque la confianza no descuide, aquí porque la desconfianza no desmaye. No es menester más para que no se haga la cosa que darla por hecha; y, al contrario, la diligencia allana la imposibilidad. Los grandes empeños aun no se han de pensar, basta ofrecerse, porque la dificultad, advertida, no ocasione el reparo».