A tenor de lo tratado en el anterior artículo, y viendo el encabezamiento de este, verán que estamos empeñados en que ustedes alcancen un estado de salud envidiable. Eso sí, sin renunciar a disfrutar de la bebida que nos acompaña y nos brinda tan grandes momentos.

Si son ustedes seguidores de esta colaboración, ¡alguno habrá!, recordarán que en la anterior entrega declaramos la guerra al alcohol; en este serán las calorías las que estén en nuestro punto de mira. Es probable que debido a los terribles tiempos que corren, haya provocado redactar un enunciado tan bélico.

A grandes rasgos podríamos considerar la light como una cerveza a la que se le reduce el contenido de kilocalorías, y levemente el volumen alcohólico en comparación a los estilos más comunes.
Hay un nombre propio en el origen de este tipo de cerveza, y es el del bioquímico estadounidense Joseph L. Owades –1919-2005–, hijo de inmigrantes judíos provenientes de la actual Ucrania, que en aquellos días formaba parte del Imperio Austrohúngaro –con esta mención apreciarán, sin duda con menos gracia, el guiño al gran Luis García Berlanga–. El descubrimiento de este científico consiste en elaborar la cerveza con una enzima denominada amiloglucosidasa que descompone los azúcares que las enzimas naturales no son capaces de lograr. Dicha enzima consume más azúcares, con el resultado de disminuir las calorías pero, por el contrario, producía más alcohol, encontrando la solución a este problema, añadiendo agua carbonatada para reducir dicho alcohol a una concentración típica de entre uno y tres grados.

Y ustedes se preguntarán: Entonces, ¿es sólo el volumen alcohólico lo que diferencia una cerveza sin alcohol de una cerveza light?, a lo que añadirán, ¿tiene la cerveza light menos calorías que la sin siendo de mayor contenido alcohólico?

Ciertamente la respuesta a las dudas que se pueden plantear respecto a las cervezas sin y a las light en el tema de las calorías que aportan, se resuelve lógicamente a favor de las sin. La menor presencia de azúcares en las segundas por su proceso de elaboración es compensado por su mayor volumen alcohólico, por lo que concluiríamos que son light respecto de las cervezas que llamaremos normales. En el caso de las sin, el hecho de la práctica ausencia de alcohol en el producto final, inclina la balanza a favor de este estilo en el espinoso asunto de las calorías.

Las cervezas light, se podrían considerar un buen producto de marketing, consumir unas cervezas pensando en que las consecuencias de la mal llamada barriga cervecera van a ser evitables, te procura un argumento aunque no sé si fiable; y el puntito de alcohol, ese contento tan necesario si miramos a nuestro alrededor. Las 0,0, sin son una prescripción facultativa para quien no quiere renunciar a una bebida, posiblemente de cabecera. Esa chispa de la que hablamos, en este caso, tiene que venir puesta de casa.

Es especialmente en los Estados Unidos, donde las cervezas light tienen una repercusión especial, apuntando porcentajes de alrededor del 40% de ventas y consumo en todo el país. Todas las grandes cerveceras tienen en su dosier una de estas cervezas, Bud Light, Coors Light, Michelob Ultra, Miller Lite por poner algún ejemplo figuran entre las más conocidas y consumidas. La presencia de grandes figuras del deporte del país en su publicidad y frases publicitarias fáciles de recordar y muy pegadizas como Tastes great. Less filling o Lose the carbs. Not the taste haciendo hincapié en que consumiéndolas no echarían de menos su gran sabor, solo los carbohidratos.

Cerramos estos dos capítulos tan saludables y, si me lo permiten, sin renunciar a las cervezas mencionadas en ambos voy a descapsular una cerveza, por ejemplo, belga. No diré cual, pero les aseguro que carbohidratos y alcohol van a recorrer alegremente mi envejecido cuerpo. Salud.