Durante el primer trimestre de 2026, la instalación del acristalamiento de este edificio singular deberá estar terminada

 

 

Una vez que el módulo de prueba del cerramiento del Mercado Central ya está colocado y su sistema de apertura y cierre se ha comprobado con éxito, se cumple el último hito antes de que el grueso de esta obra se ejecute. Este ensayo era necesario antes de que el Ayuntamiento de Zaragoza situara el acristalamiento completo, puesto que fue necesaria una primera referencia antes de afrontar la ejecución de la obra.

Durante estas últimas semanas, la empresa adjudicataria Obras Especiales Edificación e Infraestructuras SAU ha revisado y validado las uniones soldadas entre los perfiles de acero y la estructura original del mercado, para asegurar que el soporte de los futuros cerramientos es adecuado. También ha ensayado el mecanismo de apertura y cierre de las ventanas, y se ha solicitado estudiar un posible cambio de vidrios para reducir los reflejos de la luz. Por último, y para agilizar la colocación integral del sistema completo de cerramiento, está previsto ajustar el sistema de fijación de las mallas antipájaros que permita ir más rápido.

La empresa, que resultó ganadora con un importe de 1.151.795,33 euros, realizará otras mediciones y adaptaciones, como en la zona del lateral de la plaza para salvar algunos desniveles existentes que alcanzan, incluso, los ocho centímetros en el claristorio. Esta medición permitirá definir la altura exacta de todos los módulos de carpintería y, así poder ya encargar la fabricación a medida de todos los componentes  (perfiles, motores, vidrios, etc.). A la vez,  se instalarán los perfiles de acero que quedarán anclados a la estructura del mercado y que servirán de soporte para los módulos una vez fabricados, que se montarán directamente en la obra.

En el lateral del tranvía se colocará un andamio que dará acceso a la zona de trabajo y desde el que desmontar previamente las placas de metacrilato, remates metálicos y chapas antipájaros que ahora existen. Allí se repetirá el mismo proceso seguido en la fachada opuesta, una labor, eso sí, condicionada por la circulación del tranvía, que obligará a que las operaciones de elevación y montaje se realicen en horario nocturno, evitando interferencias con el servicio. Al igual que ha sucedido con el primer módulo de prueba, que no ha influido en la campaña de ventas navideñas, en los meses que dure esta fase constructiva, El Ayuntamiento de Zaragoza ha priorizado la minimización de afecciones para un desarrollo normal de la actividad de abastos, tanto para los detallistas como para los clientes del Mercado Central.

La obra

La actuación contempla la colocación en el llamado Claristorio (en referencia a la parte superior del Mercado) de un sistema de climatización basado en 126 ventanas motorizadas (63 en cada lado), que se abrirán de forma automática según las necesidades en los 252 metros lineales que van a ocupar. Los detallistas, clientes y turistas que paseen, trabajen y compren en el mercado podrán gozar de un mayor confort en los 6806 metros cuadrados que tiene este mercado.

Además de regular la temperatura, este acristalamiento va a poner fin a la merma de la eficiencia energética por la pérdida de calor que se genera en invierno, especialmente, y provoca un consumo muy elevado de electricidad. La parte alta del Mercado Central acogerá estos ventanales de vidrio y carpintería de aluminio que se van a colocar por la parte exterior. esta decisión también facilitará su limpieza y permitirá mantener las mallas antipalomas y antimosquitos.

Otro de los aspectos técnicos muy destacables de este cerramiento térmico tiene que ver con la seguridad del edificio. El sistema de apertura estará conectado  con la centralita de detección de CO2 y la centralita de detección de incendios para que, en caso de producirse llamas o aumento de dióxido de carbono se abran. Los medidores de CO2 controlarán su presencia a una altura aproximada de 2 metros.

Patrimonio de Zaragoza

El edificio del Mercado Central “Lanuza” constituye una pieza muy significativa dentro del patrimonio arquitectónico de la ciudad de Zaragoza y del panorama aragonés. Cuenta con la declaración como Bien de Interés Cultural hace ya 46 años y que se actualizó en 2002. Su estilo puede enmarcarse dentro de una corriente ecléctica de finales del siglo XIX y supone un magnífico ejemplo conservado de la arquitectura en hierro. Fue proyectado por Félix Navarro Pérez en 1895 y los trabajos de construcción concluyeron en 1903. La magnífica labor de arquitecto se vio acompañada por el trabajo de un grupo de artesanos que completaron y cuidaron la factura y el carácter decorativo del edificio en los diversos elementos constructivos.

En el año 2020, el arquitecto José Antonio Aranaz dirigió los trabajos de rehabilitación. Construido con estructura de hierro fundido y laminado, el edificio tiene un diseño perfecta y armónicamente adecuado a su función, y se organiza según una planta rectangular basilical de tres naves.