Desde nuestro pesimismo vital, especialmente si de gastronomía se trata, el equipo de GASTRO ARAGÓN propone, con ironía, pero sin acritud, una serie de propósitos para este año que acaba de comenzar.

Unos coercitivos para cada mes, que parece que la letra sigue entrando con sangre; y otros, menos –somos escépticos– en positivo, por si algún hostelero o consumidor quiere contribuir a la mejora de nuestra gastronomía.

 

 

  1. Eliminar las croquetas rebozadas con pango. Y, ya puestos, con las de jamón ibérico, lamentable manera de destrozar uno de nuestros mejores alimentos.
  2. Anular para siempre esos QR que nos llevan a la carta. Al ir a comer, a muchos nos gusta olvidarnos del móvil, tan impertinente ante una buena mesa. Y nos gusta tocar físicamente la carta aunque sea en mal papel.
  3. Prohibir el uso del aceite de trufa industrial. Si no le llega para usar trufa fresca no recurra a estos indigestos ingredientes. Al paso que vamos, en pocos años el consumidor no sabrá a qué sabe la trufa.
  4. Impedir que la cebolla llegue siempre caramelizada. Un truco de mal cocinero que frecuentemente enmascara los sabores. Su uso deber ser matizado y limitado.
  5. Dejar de utilizar los diminutivos en las explicaciones de los platos. Incluso, acabar con ellas si el cliente no las solicita; normalmente no le interesa la enumeración de una decena de ingredientes, ni su procedencia.
  6. Acabar con la presencia de brotes vegetales. Dejen crecer a estos pequeñines, con agua y cariño llegarán a ser auténticas hortalizas. Y en general aportan poco al plato; eso sí, vienen en cómodas cajitas para que el cocinero amortice esas caras pinzas de diseño.
  7. Terminar con el uso de la copa helada. ¿De verdad creen que así enfría más las cerveza? Desvirtúa su sabor. Y no digamos si lo que pide es un vino blanco.
  8. Vetar las puertas automáticas. ¿Ha cenado alguna vez, en pleno invierno, al lado de una de ellas? Por ley, los hosteleros deberían hacer uso de sus propias instalaciones, como si fueran clientes, al menos una vez.
  9. Restringir el uso de la expresión kilómetro cero. Y devolverla, si le parece una expresión molona, a su sentido original: producto de cercanía. En puridad, el término solo es posible en restaurantes ubicados en granjas o huertos.
  10. No esconder la quinta gama. Por supuesto que es legítima, incluso en muchas ocasiones de gran calidad. Pero que lo expliciten, que no se lo oculten al cliente.
  11. Terminar con la acepción cocina casera. Por definición, un establecimiento no puede elaborar esa cocina. Mejor, cocina familiar, si le va esa marcha.
  12. Perseguir el uso de los sopletes en sala para terminar algún plato. Son generalmente inanes. Y ya ven lo que está pasando con el fuego en demasiados establecimientos.

a. Aplauda a los buenos camareros. Especialmente a quienes no traten de colegas a los clientes. Y, especialmente, a quienes se acuerdan de dar a probar el vino a las señoras, que normalmente tienen mejor paladar.

b. Sirva la sopa muy caliente. Ya esperaremos a que se enfríe, no tenemos prisa. Y siempre es una excusa para añadir un chorrito de vino.

c. Deje propina. Aunque hay quien no lo tiene claro, una razonable propina es la mejor manera de expresar la satisfacción por parte del cliente parco en palabras y elogios.

d. Enseñe la etiqueta. Si pedimos un vino genérico, de una zona o variedad, nos gusta saber qué es lo que bebemos.

e. Déjese recomendar. Cuando un establecimiento le recomienda algún plato, es porque está seguro de su calidad. No para sacar género atrasado.

f. Si es usuario digital, valore positiva y razonablemente. Tristemente las redes pueden acabar injustamente con un establecimiento. Valore si lo va a hacer en positivo, y con razonamientos.

g. Reserve, siempre que sea posible. Las reservas garantizan una mejor organización del restaurante, lo que redunda en la atención a los comensales.

h. No discuta. Huyamos del cuñadismo, tanto por parte del servicio como de la clientela. Estamos ante una barra o en una mesa para comer y beber, no en un debate televisivo. Siempre queda el recurso a la hoja de reclamaciones.