««El vino transmite la capacidad de compartir»

De niño, no quería ser agricultor. Pero el nuevo presidente de la DOP Cariñena lo es también de Bodegas San Valero, del Sector del Vino en la Federación de Cooperativas de Aragón, y gestiona su propia explotación. Antonio Serrano asegura que siente un fuerte compromiso con el vino de la tierra que le vio nacer y que lo suyo, como lo de tantos otros, en una forma de entender la vida.
¿Cuál es su primer recuerdo relacionado con el vino?
Mi primer recuerdo son las vendimias. Ya tengo unos años y recuerdo que hace mucho las familias íbamos juntas a vendimiar. Nos juntábamos mis padres, mis tíos… Era lo habitual en el mundo agrario. Para mí, mis primeros recuerdos se sitúan en el viñedo, esos días de vendimia; era más por pasar el día allí que por trabajar realmente, porque de niños estábamos más bien jugando.
¿Y su primer recuerdo profesional o contacto con el vino?
Aunque siempre he estado aquí y he tenido alguna parcela, yo vengo del mundo industrial. Mi mujer y yo decidimos en 1997 quedarnos a vivir en Cariñena. Ninguno de los dos trabajaba aquí entonces, cada uno a cincuenta kilómetros, y pensamos que nuestro pueblo era el mejor lugar para establecernos y formar una familia. Quedarnos derivó en que, con el tiempo, empezáramos a plantar alguna viña, hasta que, en 2006, tomé la decisión de dedicarme profesionalmente a ello.
¿Qué quería ser de mayor?
Desde luego, agricultor no. Era lo último que pensaba. Siempre me ha gustado la técnica, sobre todo la informática y todo lo relacionado con la tecnología. Eso es, precisamente, lo que he incorporado a mi trabajo agrícola y lo que estamos implantando además en la cooperativa que presido.
¿Cómo le explicaría qué es la felicidad a un niño de siete años?
Tengo dos hijos y siempre les he dicho que lo primero es lo que ellos piensan, lo que ellos deciden, independientemente de que sus ideas gusten o no a los demás. La felicidad no se encuentra, se busca. Muchas veces, cuando decides llevar adelante una idea o dedicarte a algo, a la primera no sale. Quizá sale a la tercera, pero no hay que perder el hilo de lo que uno quiere. La felicidad no hay que esperarla, hay que buscarla.
¿Qué parte de responsabilidad tiene el vino en su felicidad actual?
Estamos en un momento complejo y no hay que obviarlo, pero dedicarse a lo que uno quiere es muy importante. En mi caso, por circunstancias, al principio no era lo que pensaba hacer, pero tengo un compromiso muy fuerte con el vino. La viticultura tiene algo especial: se convierte en una vinicultura, porque no solo manejamos la parte agrícola, sino que además elaboramos y comercializamos. Cuando tomé la decisión de hacerme agricultor fue porque en ese proceso de elaboración y distribución, el agricultor tenía peso. Si no, probablemente no me habría dedicado a la agricultura.
Hablar de las emociones del vino ¿es solo imagen?
Hay mucho proceso de marketing, sin duda. Pero el vino es sociabilización. Hace 40 o 50 años, el vino era un alimento principalmente energético, porque había mucho trabajo manual y el vino daba ese aporte calórico. Hoy eso ha cambiado. Ahora el vino transmite la capacidad de compartir: en el tardeo, en las cenas, en reuniones familiares, con amigos o visitas. Compartir un vino es compartir una experiencia, y así es como yo veo el mundo del vino.
Dicen que todos los españoles llevan dentro un presidente del gobierno y un seleccionador de fútbol. ¿También llevamos ahora un (falso) sumiller, alguien que cree saber de vino?
Cada uno tiene su perspectiva y su capacidad sensorial. Es verdad que nos hemos pasado en la búsqueda de la sensación, y, muchas veces, eso echa para atrás al consumidor, cuando no es capaz de encontrar ciertos aromas o sabores. Todos tenemos un baúl de recuerdos, pero no todos sabemos identificar qué es cada cosa. Al final, a cada persona le gusta un vino diferente, y hoy hay posibilidades para todos: vinos gasificados, vinos de menor graduación, vinos 0,0 o vinos tradicionales.
Aquí en la denominación de origen, acabamos de sacar un vino de 11 º naturales, sin desalcoholizar, trabajado desde la viña y la elaboración.
¿Se sigue disfrutando del vino cuando se trabaja con él?
Sí, por supuesto. Esa sensación de tomar vino con moderación sigue estando ahí y la sigo disfrutando.
¿Qué le quita el sueño? ¿Qué tal duerme?
Hace unos años, hubo una situación que me quitó el sueño, pero si algo tengo es que sé discernir muy bien la etapa profesional de la familiar y, normalmente, duermo muy bien. De hecho, cuando mi mujer ve que no duermo, sabe que pasa algo grave. Pero el 99 % de los días duermo bien.
¿A quién invitaría a un vino? Personaje histórico, público o alguien de su entorno.
Iba a decir algo políticamente incorrecto, así que mejor me callo. Históricamente hay un abanico enorme de personas interesantes o en la actualidad, pero la verdad es que no hay nadie a
quien siga al 100 %.
¿Y quién cree que no se merece ni olerlo?
Es igual de difícil, porque supondría concretar una persona. Alguna tengo en mente, pero es complejo.
¿A quién le debe un vino? (Cita pendiente)
Sí, hay una cita pendiente con una persona histórica aquí en Cariñena, que se merece un reconocimiento. Fue quien movió los cimientos del vino, no solo en la DOP Cariñena se relanzara, sino a nivel español. Hablo de Félix Báguena, anterior presidente de la denominación y de Bodegas San Valero.
¿Qué ha hecho últimamente para hacer feliz a alguien?
Simplemente compartir los pocos ratos que tengo de comidas y cenas con la familia.
¿Cómo se ve en diez años?
Me veo pasando los altibajos que tiene el sector del vino y, por la edad que tengo, disfrutando ya de una jubilación.




