Cuando llegan tiempos oscuros o de elecciones, las calles se llenan de becerros, los balcones se llenan de banderitas, banderines y banderazas, los mítines se llenan de promesas tan falsas como esa de el lunes empiezo la dieta y los estómagos más que en otras ocasiones… se llenan de aire fresco. O caliente. Pero aire. Y es que el aire, aunque sea de la sierra, no alimenta.

Y es que a estas alturas de la democracia cada vez se vota menos con el cerebro.

Los de un lado votan con el corazón, los del otro con la tradición, y todos, con el estómago. Y es que el menú electoral está cada vez más vacío de deliciosas salsas para untar con pan y más lleno de promesas crudas y sanguinolientas y, claro, luego llegan las indigestiones.

Ya quedan muy lejanos los tiempos en los que los candidatos visitaban pueblos repartiendo apretones de manos, abrazos, besos, vino y chorizo. Y no vamos a tocar el tema chorizo, que es muy recurrente y facilón.

Hoy nos convencen con agendas 2040, con países que avanzan y con acuerdos comunitarios por el bien de todos, pero, vamos, que sin una triste morcilla en la mano.

Los datos de finales de 2025 nos dicen que un 13 % de los hogares españoles sufren algún tipo de inseguridad alimentaria, debido a su falta de recursos y que unos seis millones de personas directamente no pueden comer todos los días. Y ojo, que no es solamente crítica para el gobierno actual, no. Esto ha sido siempre. Unos años con la cifra más falseada y otros menos, pero la realidad no se puede ocultar.
A esto es a lo que hay que dedicar las campañas, los presupuestos, los ministerios y las chistorras.

«Me presento a la alcaldía de Huesca», pues suelta ternasco. «Yo, a la presidencia de Asturias», fabada para todos. Y así con todos ustedes.

Porque están llenando los cerebros de fluido cadavérico, los corazones de oscuridad y los estómagos de aire.

Y aunque quien redacta esta columna prefiere el aire comprado que su oscuridad y su cadaverina regaladas, por desgracia, ni el aire, ni lo demás que nos ofrecen, nutre.

Y es que amigos políticos, cuando ya llegamos a tiempos como el que nos ocupa, ya no importa el emplatado. Lo importante es que te dejen comer.

Y a ser posible, que no te quedes con hambre.