«Saber lo que el consumidor piensa
nos aporta muchas cosas como agricultores»

Desde hace más de diez años, Manuela Medrano vende sus frutas en la Muestra Agroecológica de Zaragoza –de la que es representante ante el Ayuntamiento– y, poco después en el Mercado del Campus, en la zaragozana plaza de san Francisco.
Propietaria junto con su esposo –Javier Sánchez– de Biopontil, radicada en Rueda de Jalón, hasta entonces nunca había estado delante de un cliente.
Cultivan manzanas, peras, melocotones, cerezas y ciruelas de diferentes variedades para abarcar más temporada de recolección.
¿Cómo llega a ser vendedora?
Como producimos fruta ecológica, surgió la oportunidad de venir al mercado agroecológico de Zaragoza para poder venderla directamente al cliente.
¿Tenía tradición familiar?
Si, todos nuestros antepasados se han dedicado a la agricultura y ganadería. También tenían tienda en el pueblo para complementar. Otros tenían molino de harina. Siempre en el medio rural y en la alimentación.
¿Por qué en ecológico?
¿Y por qué no? Amamos nuestra tierra y queremos que siga viva. Además producimos alimentos y queremos que estos sean sanos.
¿Qué aporta esta venta directa del productor al consumidor?
Sobre todo, el saber lo que el consumidor piensa de nuestros productos, si es dulce, que variedades les gustan; nos aporta muchas cosas. Y en función de ello, en cierto modo, podemos reorientar nuestros cultivos o explorar otras variedades.
Y supongo que al cliente, conocer de primera mano nuestra experiencia con, por ejemplo, las diferentes variedades, porque no todas las manzanas saben igual, ni sirven para lo mismo. Sin ir más lejos unas funcionan mejor que otras para asarlas; tradicionalmente se ha usado la reineta, pero a nosotros nos gusta mucho la golden y la fuji. Aunque cualquier manzana está exquisita asada.
¿Qué es lo peor de esta venta en la calle?
Para mí supone otro día más de trabajo, un continuo semanal. Estar cara al público tiene cosas buenas, pero estás todo el día de desgaste, hablando con unos y con otros. También sufrir las inclemencias del tiempo, el intenso calor de la plaza en verano o el frío del invierno.
¿Por qué se vende la fruta tan verde?
Debido a los procesos de industrialización y comercialización de la fruta, hace mucho tiempo que se comenzó a venderla muy poco madura, para que pudiera aguantar todo el proceso sin deteriorarse. Y la gente se ha ido acostumbrando. Me llama poderosamente la atención que en este mercado pidan todavía fruta verde o poco madura.
¿La ofrecen?
Tratamos de ofrecer la fruta en su punto de maduración, pero no todos los clientes lo entienden. Así que traemos un poco de todo, para que cualquiera encuentre su sabor preferido.
A lo largo de esta década, ¿ha notado cambios de tendencias en los clientes?
Mucha, porque se van acostumbrando a nuestros sabores, que son los de siempre. Gente que era reacia a una determinada fruta, ahora es la que elige.
¿Que frutas son las más deseadas por sus clientes?
Ahora ya todas. Como cada una está en su temporada… pero las frutas de verano son las reinas, como el melocotón. En invierno, también esperan la pera y la manzana.
¿A usted cuál gusta más?
Como mucho pera y manzana. El melocotón me gusta en su momento, pero yo soy muy de pera.
Las cifras indican que está disminuyendo el consumo de fruta en España ¿Cómo se ve desde estos mercados de proximidad?
No, aquí no se nota. La gente sigue comprando parecido o más; y hay bastantes clientes que han añadido más kilos de fruta a su cesta.
¿Cómo ve el futuro?
Los mercados locales están en auge en toda Europa.
Los pequeños productores, aunque cada vez está más complicado por el tema de gestión, las inversiones… Podemos seguir viviendo, trabajando mucho.
¿Tienen relevo generacional?
Aún no está claro. Tenemos un hijo que realmente se ha orientado hacia la agroindustria, pero no sabemos si continuará con la actividad; está en el aire. Todavía nos queda mucho tiempo hasta la jubilación. A mi me haría mucha ilusión.




