CULT Colt 45 b bn

 

Les contaré una anécdota que le sucedió a un primo mío. Bueno no. Era el amigo de un amigo, sí. No me acordaba.

El asunto es que el mozo en cuestión es así, echao p´adelante, y es de los que prefiere disculparse a pedir permiso, ya me entienden.

Trabajaba este chico de cocinero y llegó una mesa. Dos comensales. Franceses para más inri.

Le pidieron unos huevos fritos con patatas y él –por lo que me cuenta mi amigo, claro– se puso como un auténtico energúmeno. Que si los huevos fritos no están en la carta, que si patatín, que si piden huevos fritos es porque no tienen ni un duro para salir a comer, que si patatán…

Bueno, tras muchos juramentos y abocinadas varias, este amigo de mi amigo les hizo los huevos a regañadientes. Eso sí, bien hechos. O se hace o no, pero en caso afirmativo se hace bien. Con su puntilla y su yema lista para explotar ante el primer coscurro de pan que se acerque.

La sorpresa vino después, ya que con los huevos fritos y sus patatas, aquella pareja de pobres se pidieron el vino más caro de la carta. 45 eurazos de vino.

Una anécdota tan tonta hizo que tras muchos años de carrera tras los fogones este chico –al cual no conozco, ¿eh?, que conste–, se replantease los prejuicios hacia algunos comensales, pues si bien es cierto que los tíos esos que estamos encerrados en la cocina acertamos en un porcentaje insultantemente alto de los casos, ese pequeño porcentaje de clientes en el que fallamos merece una oportunidad. Un respeto.

Y viene al caso porque ¿no nos merecemos una oportunidad nosotros también?

Esta misma mañana unos conocidos hablaban sobre las reseñas en Google y en la nefasta web de la que tanto y tanto negro sobre blanco he vertido. Comentaban nada más y nada menos que los dos, cada uno con su perfil, habían publicado malos comentarios en un restaurante, porque el dueño les caía mal.
No me explayaré ya con esto. Me he cansado. Lo que sí es cierto es que oyendo la sosada de hoy, se me ha vuelto a sofreír la sangre un poquito y me apetecía contárselo a ustedes.

Las páginas de opiniones son para lo que son. Para el resto de afrentas y vilipendias, yo propongo que se vuelvan a imponer los duelos a espada como en la edad de oro, o el pacificador también llamado Colt 45 como en el antiguo Oeste, a pedradas como David y Goliath, o directamente a garrotazos como Héctor y Aquiles.

Pero con honor. No tras un seudónimo.

Dennos una oportunidad de defendernos, no como hizo mi primo con los de los huevos fritos.

¡Ay, perdón! El amigo de un amigo mío, quería decir. Si es que me lío.