Casi 60 años de barra, fritos y buen humor

 

Arranco esta nueva sección, que va de esos templos con mesa de formica, marca de codos en la barra y más horas de estudio que una oposición a notarías. De bares con historia, con parroquianos de calendario fijo y hosteleros que se han ganado el título de catedráticos en eso de poner la caña justa y la tapa exacta. Aquí hablaremos de los de toda la vida, de los que sobreviven a modas, gastrobares y foodies. Y, como el gato es mío, empiezo por casa: por Borja.

En Borja hay un bar que tiene nombre de doble personalidad: Arraclán o Buen Humor. Da igual cómo lo llames, porque todos sabemos cuál es. Ese bar al que vas a tomar una rápida y sales a las mil con una sonrisa de felicidad dibujada en la cara.

Dani y Mari Carmen son los amos y señores del invento. Casi treinta años –que se dice pronto– llevan al pie del cañón, sirviendo tapas con una sonrisa y esa tranquilidad del que sabe que la receta funciona. El 1 de enero harían 31 años exactos, pero ya han puesto fecha para colgar el delantal: este 16 de noviembre, cuando la jubilación, más que un descanso, será una fiesta con vermú en la mano y lágrimas en los ojos.

El bar lleva abierto ininterrumpidamente 57 años. Primero fueron los padres de Mari Carmen quienes empezaron esta historia, y luego ella y Dani la continuaron sin perder ni un día de vermú. Porque en Borja la hora del vermú no es costumbre, es religión. Y se practica de lunes a domingo, con la misma devoción con la que otros van al gimnasio.

 

 

Su barra de tapas es historia viva del tapeo: tacos de bacalao que se piden por docenas, pimientos rellenos de atún que desaparecen antes de tocar el plato, gambas que crujen y el mítico huevo gamba, que merece su propio monumento. Y luego están las croquetas, de merluza y gamba, caseras de verdad, sin modernidades. Preguntas por el secreto del rebozado y ellos, tan tranquilos, te dicen que ninguno: harina y sifón y chis-pún.

Pero que nadie se ponga nostálgico. El 16 de noviembre no será un adiós triste, sino un hasta luego con sabor a traspaso generacional. Ese día habrá fiesta para todos: clientes, amigos y cualquiera que se acerque con ganas de brindar. Porque el Arraclán, o Buen Humor, seguirá vivo, con nuevos inquilinos al frente.

Leyre y Marc, que aún no han llegado a la treintena, recogen el testigo con ilusión, respeto y juventud de sobra. Leyre lleva seis años entre barras y veranos de bar de piscina, y Marc, curtido entre panaderías, bodegas y el GastroPádel de Borja, sabe lo que es madrugar y lo que es sonreír al servir.

Prometen mantener la esencia del local: tapas de siempre, producto de la tierra y ese espíritu de bar auténtico donde las cosas se hacen sin prisa. Eso sí, ampliarán horario, abriendo los fines de semana por la tarde-noche y añadirán una carta de bocatas y algunas raciones caseras los fines de semana, con bocatas de toda la vida, salsas caseras y algún toque personal para llevar, buscando atraer a las nuevas generaciones sin perder la clientela de siempre.

Así que el ciclo continúa. Porque hay que luchar para que los bares de siempre no cierren. Así el Arraclán, o Buen Humor, seguirá siendo lo que nunca dejó de ser: un bar donde todo el mundo tiene una historia, una tapa favorita y un motivo para quedarse un rato más.

Arraclán / Buen Humor
Joaquín Costa, s/n. Borja. 976 867 817.