Cafeteria Filosofía PERA

La cafetería de Filosofía está así. Foto: Cortesía El Periódico de Aragón.

 

Además de curioso, resulta muy significativo que diferentes instituciones y centros se encuentren sin cafetería o servicio de restauración, algo, hasta hace nada, tan español. A vuelapluma nos encontramos con que la nueva y flamante Facultad de Filosofía y Letras ha abierto sin cafetería; que los alojados en el Colegio Mayor Cerbuna deben buscarse la vida al irse la contrata que les alimentaba; el bar del Alma Mater, al lado de la Seo, no ha renovado a su dinámica inquilina, que lo había convertido en un atractivo lugar; la cafetería de los bajos donde se ubican la ONCE y Onda Cero, busca quien la gestione, igual que el Palco del Teatro de las Esquinas, con unas modernas y polivalentes instalaciones hosteleras. Incluso en Huesca, el emblemático Flor, en los bajos de la Diputación, se encuentra cerrado a la busca de un futuro que será hostelero, «pero con un concepto algo novedoso», dicen desde la DPH.

Antaño, estas concesiones solían estar a cargo de autónomos y familiares; poco a poco, se fueron profesionalizando de la mano de emprendedores hosteleros devenidos en empresarios; y, finalmente, fueron cadenas especializadas en este tipo de actividades, quienes coparon el sector. Recuerden el bochorno cuando el bar del Pignatelli, sede del Gobierno de Aragón, cayó en manos de un concesionario andaluz. La cerveza local se sustituyó por otra también cercana, pero a Granada.

Ignora uno si las condiciones para acceder a estas instalaciones están a la altura de la realidad hostelera, si exigen mucha renta y precios bajos, pero ahí siguen los espacios, vacíos, esperando quizá a servir a sus hipotéticos clientes.

Resulta obvio reiterar que la hostelería experimenta una profunda y larga crisis, agravada por las circunstancias de los últimos años. Bar cuyos dueños se jubilan, equivale prácticamente al cierre. Pero las franquicias y los grupos locales siguen abriendo establecimientos. Que, con mayor o menor fortuna, van tirando adelante. Eso sí, con ofertas gastronómicas que parecen clonadas entre sí.

¿Es este nuestro futuro?