Resulta que al año 2025 le quedan cuatro telediarios y en el radar de todas las partes implicadas en este sector está presente la interrogante de siempre: el futuro más inmediato, el cómo vendrán dadas, qué sucederá y cómo se afrontará un mercado que, por diversos motivos, resulta en ocasiones demasiado inestable.

Poco se puede predecir en lo que el hombre no controla. ¿Será un año favorable?, ¿lloverá cuando tenga que llover o seguiremos pagando las consecuencias de una sequía reincidente? Sin embargo, donde sí se puede actuar es en lo que depende del sector, en lo que está en sus manos.

Echando mano de los datos más recientes, la tendencia de consumo en nuestro país es de estabilización con ciertos repuntes. El consumo doméstico se mantiene y muestra ligeros aumentos sin llegar a niveles de otros tiempos. En paralelo, hay una recuperación del canal hostelero y un mantenimiento en la alimentación, aunque por tipos, tintos y rosados se comportan mejor que algunos blancos. España habla de 9,8 millones de hectolitros consumidos en 2024.

Sobre el músculo comercial, la exportación del sector nacional en 2024 se situó en 1935,3 millones de litros con un valor aproximado de 2977,8 millones de euros.

Las previsiones nacionales apuntan estabilización y crecimiento moderado en consumo a medio plazo si la hostelería sigue recuperándose. También se dice que el sector tiene que reactivar la demanda con innovación –nuevas marcas, comunicación, formatos…– y que la tendencia exportadora pasa por aumentar el valor de la exportación más que en volumen y diversificar destinos abriendo nuevos mercados –lo de siempre–.

Aranceles, tratados y costes logísticos también incidirán en el futuro que nos espera como país y, por lo tanto, como comunidad.

Tenemos oportunidades como la superficie de viñedo consolidada y la gran variedad con denominaciones de origen que cuentan con identidad propia. El potencial enoturístico es una de las nuevas esperanzas ya que se puede captar un valor turístico que ayude al sector. Y dicen que también se pueden potenciar vinos de autor y segmentar producto con ediciones limitadas y monovarietales como ampliación de la oferta cuando es algo que ya se lleva haciendo. Ahí no estoy muy de acuerdo. La premiumización de algunas categorías puede activar las ventas, pero al respecto me pregunto si todo el mundo puede o sabe hacerlo. Dudas que le surgen a uno cuando lees informes y estudios que no sé hasta qué punto se quedan en la globalidad, en la gran masa.

Las debilidades o riesgos por la competencia de regiones que han invertido más en posicionamiento de marca o la presión sobre volúmenes de exportación globales por condiciones climáticas pueden jugar en contra. Pero vete tú a saber cómo se presentará el próximo año.

En resumen, las fuentes clave hablan de transformar parte de la ventaja en volumen, en ventajas competitivas basadas en calidad, sostenibilidad y experiencia. O lo que es lo mismo, vender a precios más altos. Crecemos en valor pero no en volumen. Que subir el ticket sea la solución dependerá de muchos otros factores porque al final, quien se las gasta es el consumidor final y, a veces, sigue perdido y dando tumbos por falta de interés. O también de cultura.