La calle Sobrarbe, para los más perdidos, es esa que cruzando el puente Piedra dirección Arrabal, te ofrece una foto como de pueblo, pero en cuesta abajo. Una calle recta y corta con un montón de vida a sus lados. Dicen que el puente es suyo, pero cada vez que lo cortan se les llevan los demonios, es el acceso más recto y más fresco a Zaragoza. «Me bajo a Zaragoza», aún se sigue oyendo. Orgullo y pertenencia del Rabal, que cada día es más multirracial y a su vez más maño.

Aroma a churros
Gracias a la –Sobrarbe, 38. 50015 Zaragoza. 659 930 764–, reconozco el placer de oler a churros, de regresar a la infancia y a esas casetas inmaculadas y luminosas que forman parte del mobiliario del barrio, junto a las tradicionales filas de clientes dispuestos a todo por sus churros. Pues una así tienen en esta calle, Mari Carmen la regenta junto a su pareja desde hace ya trece años. Con el barrio a favor, los churros van que vuelan y las bolas van y vienen junto a las porras, que van ganando adictos. Fue el abuelo Carlos en 1920 quien desde casa empezó con la historia; consciente de que debía mejorar se puso de aprendiz en La Bola de Oro, nombre que adoptó en señal de agradecimiento, pero en versión Plata. Y algo tiene que tener cuando todas las generaciones siguen y para la próxima ya tienen el relevo. Son fieles a su barrio y salvo vacaciones ahí los tienes mañana y tarde y todos los fines de semana de invierno y verano. ¿El secreto? Una genial materia prima y un aceite limpio. Resumiendo, es una alegría constante para las orejas el disfrutar de una churrería así debajo de casa. Lo dicho.

El mejor anfitrión
Del Bar Jaén 88 –García Arista, 24. 50015 Zaragoza. 661 405 014–, a ver como lo digo, Chema eres el mejor anfitrión con diferencia con el segundo; entrar a tu bar es no estar solo, si hay olivas, las hay para todos. Tu alegría la llevas de mesa en mesa y para todos tienes tajo, seas cliente o no. Por lo demás la tortilla de patata con sus huevos, los platicos de embutidos pasando con frescura, esos huevo/gamba rebozados, las patatas rellenas bien presentadas y lo que más te gusta… tener una terraza enfrente del Pilar.
Si eres zaragocista, este es tu sitio, las bufandas y demás abalorios así lo demuestran, año tras año desde 1988, haciendo barrio. Y como las familias crecen y no podía ser de otra manera, dejamos entrar también a los perretes. Es complicado encontrar un bar de estas características, un aire viejuno, una cocina clásica, pero una dirección liante y con salero apostando con alegría hasta su jubilación, si quiere.

Croissant francés
Cuando Kevin, ciudadano francés, se propuso abrir un obrador propio de pan y otras cosas, OhLaLa Panadería, –Matilde Sangüesa, 27. 50015 Zaragoza, 976 043 862– lo tuvo claro: él quería una panadería antigua donde los tiempos mandan y donde la masa madre es la más madre. Hace cuatro años de esta decisión y no se arrepiente ningún día. Usa mantequilla francesa, chocolate belga y una vitalidad contagiosa, necesaria para transmitir alegría a las ocho personas que forman su equipo diariamente.
Se ha posicionado como el único obrador propio artesanal, todo se hace, nada se compra, en un radio importante de la margen izquierda.
Si le preguntas por el croissant alguna lagrimilla le verás caer, es su criatura. El se denomina como Tradicional & Innovador y así se lo trasmite a su fiel clientela que día a día pasan a por la barrica y algo más. Si hay algo que le encanta de Zaragoza es la fidelidad de sus gentes ante los postres de días festivos –roscones, tetas, mantos…–, el público no perdona uno; eso en Francia es impensable, añade. Ohlala, es una de la expresiones más populares del mundo que invita a sorprenderse y disfrutar del momento, si hubiera sido en el Arrabal con un d’cojón nos hubiéramos apañao… pero no es lo mismo.
Vino democrático
Parece que comprar un vínico un poquico mejor está reservado a tiendas del centro o alguna histórica anclada en los barrios, pero no. Con Bodegas Lozano Torres –Sobrarbe, 16. 50015 Zaragoza. 976 319 100–, en agosto de 2021, en plena pandemia vino Chus al barrio con idea de democratizar –se puede decir así– el consumo y abrirnos el apetito. Hoy podemos decir que lo consiguió. Cuando te tratan bien es fácil ser cliente, cuando te dan a conocer esas sorpresas te haces amigo, cuando cuentan contigo para catarlo le declaras amor eterno.
Fueron los propios vecinos, asociaciones y bodegas las que estuvieron animando a esta mujer en momentos nublados y aquí está, más feliz que una perdiz. Influencer en otros barrios cercanos por la claridad y pasión con la que te canta las alegrías de esa botella y de cómo le susurra la de al lado para formar tándem. Todo está bien. Se siente integrada en el Arrabal porque así se lo hacen saber sus vecinos, que depositan en ella toda su confianza, tanto en la elección como en la preparación de un regalo, pongamos por caso que el periquito ha sido padre. Obsequio al canto, que por algo tiene una selección de productos gourmet para los momentos digamos, sensibles. Las catas le han otorgado popularidad con dignidad y lo que más le gusta oír es eso de «Chus, apúntame a la siguiente» sin tener el panel definido. Los comentarios de los vecinos hace el resto. Un brindis.

Productos de cercanía y temporada
«Lo de modorro es porque en casa nos lo decíamos mucho y llegando el momento lo tuvimos muy claro, muy aragonesa». Así nos cuenta Jesús la peripecia del nombre, Taberna Modorro –Valle de Zuriza, 15. 50015 Zaragoza. 601 517 976–, cuando por junio del 2023 decidieron hacer su taberna realidad. Están muy orgullosos de lo que son, pequeños con muy buena música, materias primas excelentes. El cachopo lo elaboran con ternera del Pirineo y queso de Teruel, una ensaladilla rusa de escándalo, apunta Diana y «croquetas caseras» –se oye desde la cocina en la voz de mamá, que me dijo el nombre, pero aunque me des un torzón–; en resumen comida casera y tradicional en horarios de mañana y tarde. Productos de temporada y cercanía y una buena apuesta por vinos aragoneses y algún otro para disfrutar de la velada. Sus clientes son mucho del barrio pero cada día les llegan grupos de otros puntos, alegrando el cotarro. Les van las motos y la música y, si encima comes como un bendito. ¿Dónde está el error?
Teníamos alguna propuesta más pero las vacaciones y el frío sarraceno hicieron el resto, por lo demás encantado con la calle Sobrarbe, historia y leyendas de esta Zaragoza nuestra y su animada vida social.





