Se pudieron degustar tres aceites de oliva virgen extra en diferentes momentos de conservación.

 

 

Hay domingos que los guardarías desplegados en el rincón favorito de tu cocina, para poder verlos sin tener que buscar y volver a recordar la oleoexperiencia que se vivió el pasado 14 de diciembre en el pueblo turolense de Alloza.

Un verdadero lujo para las veinte personas que acudimos a la comarca Andorra Sierra de Arcos con ganas de conocer la historia de una oliva, la royal de Alloza, fruto de unos olivos centenarios y cuyo zumo es muy apreciado por todos.

Anualmente, el movimiento Slow Food tiene una cita mundial con las comunidades del alimento, el llamado Día Terra Madre, para celebrar la comida local y honrar a quienes nos la proporcionan, ya sea cultivando, criando, elaborando o cocinando con alimentos vinculados a cada territorio y a su cultura.

Para celebrarlo, surgió esta gustosa experiencia de la mano de La Ojinegra –Belén Soler y Xavi Poncelas, propietarios de este restaurante ecológico km .0 y alojamiento sostenible– y Royauma –Marta Blesa y Javi Gracia, olivareros con almazara propia-, ambos de Alloza, a la que designaron Del olivar al paladar, nombre que cumplió más allá de sus expectativas.

Quizá tuvo algo que ver que en esa mañana fría nos dieran una bienvenida tan calentita como el chocolate que nos ofrecieron junto con rebanadas del pan del pueblo, que se estaban tostando allí mismo; o quizá el paseo entre oliveras nos conectó a tierra y las explicaciones de Javi sobre estos árboles tan singulares y sus cuidados en cuanto a poda, riego y recolección, nos hicieron admirar su sabiduría ecoagricultora y también la de los olivos.

O acaso, la degustación de tres aceites en diferentes momentos de conservación, sentados bajo el tibio sol de invierno alrededor de una larga mesa vestida de blanco, donde Marta fue despertando nuestros sentidos, ampliando nuestra memoria sensorial.

 

El aceite royal de Alloza.

 

Hay que recordar que la oliva royal de Alloza fue incorporada al proyecto de Slow Food, Arca del Gusto, en el año 2020, porque estaba en riesgo de desaparición al ser minoritaria y así se preservaba biodiversidad al tiempo que se fortalecía la economía circular en beneficio de toda la zona.

En la microalmazara de Royauma, comprendimos todo el esfuerzo que realizan para obtener un litro de aceite a partir de seis kilos de olivas. Un logro de técnica puntera y mucha pasión.

Al atardecer, empezaron a llegar de los bancales a la Cooperativa de san Blas los tractores cargados, cuyas olivas se deslizaban por la rampa del volquete hacia la rejilla donde solo pasaban los frutos, quedando fuera las ramas y hojas. Un gusto ver salir ese líquido color lima que nos impregnó de un olor intenso del paisaje mediterráneo.

Y aún nos quedaba por disfrutar del plato fuerte, mejor dicho, platos, en el restaurante ecológico La Ojinegra preparados con tanto primor. Cuyo protagonista fue el AOVE royal de Alloza: ensalada de temporada, puchero de judía de Crivillén, hortalizas asadas al horno de leña, ternasco de la raza ojinegra, churrasco de ternera pirenaica a la brasa de olivera y helado de AOVE.

Belén y Xavi, saben cómo realzar los productos de cercanía de una manera sencilla y deliciosa. Nos sorprendieron con unos bollos en forma de caracol, símbolo del movimiento Slow Food; que siente preocupación por el acuerdo comercial de la UE, MERCOSUR, porque puede beneficiar a los grandes y desfavorecer a los pequeños productores.